Thursday, August 16, 2007

CALEB SIGUÓ CUMPLIDAMENTE A JEHOVÁ

CALEB SIGUÓ CUMPLIDAMENTE A JEHOVÁ

PALABRA/ JOSUÉ 13:1-14:15
V. CLAVE/ JOSUÉ 14.14

Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb hijo de Jefone cenezeo, hasta hoy, por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel.

Caleb fue un general que no se cansó de servir a Dios. Él guardó en su corazón todas las palabras de Dios y quiso ver cumplidas todas ellas. Aún cuando decidió luchar por obtener más tierra de heredad para él, no fue simplemente su propio deseo, sino porque él había guardado en su corazón la promesa de Dios, de que ésa tierra sería suya. Oro porque aprenda de éste espíritu de Caleb y luche hasta el final hasta ver cumplidas todas las promesas de Dios.

Josué ya era un hombre muy grande de edad. En ése tiempo tendría alrededor de los noventa años. Por eso, Dios le dijo a Josué: “Tú eres ya viejo, de edad avanzada, y queda aún mucha tierra por poseer… Reparte, pues, ahora esta tierra en heredad a las nueve tribus, y a la media tribu de Manasés.” (13:1b, 7) De ésta manera, en el capítulo 13 y los primeros versículos del 14, Josué repartió la tierra entre las tribus de Israel. Primeramente Josué dio la tierra que Moisés les había prometido a las respectivas tribus. A lo demás lo repartió entre las tribus haciendo suertes.

Primero, Dios mandó distribuir la tierra todavía no conquistada. Desde un punto de vista humano, parece incorrecto distribuir una cosa que todavía no les pertenecía. Pero Dios mandó a distribuir ésta tierra, porque en realidad Dios ya se los había dado a ellos. Por lo tanto, los moradores de en aquellas regiones venían a ser los extranjeros que estaban teniendo posesión de la tierra de los dueños legítimos. Por eso podían distribuirse la heredad aún antes de haber conquistado toda la tierra. A demás, el distribuirse la tierra daría un ánimo más de que ésa tierra ya era suya y debían sacar a los extraños.

Segundo, la tierra fue repartida por suertes. Naturalmente todos querrían aquellas tierras más fértiles y con mayores extensiones de llanuras para poder sembrar y apacentar a su ganado. Por eso, si a alguien no le parecía el territorio que le tocaba, podría pensar mal de Josué y de los líderes. Le podrían criticar diciendo que repartió las tierras con preferencias hacia unos. Sin embargo, a través de hacer suertes, ellos no podrían decir nada, y tendrían que aceptar que Dios fue quien les asignó ése lugar. En 14:1, dice que Eleazar, Josué y los cabezas de los padres de las tribus de Israel fueron quienes repartieron las heredades. Así, no había excusa para alguien estuviera en desacuerdo con la tierra que le tocaba.

Pero Caleb se levantó y fue a Josué, y le pidió que le dejara la tierra de Hebrón. Caleb le hizo recordar a Josué cuando ellos eran más jóvenes y fueron a espiar a la tierra prometida. Cuando regresaron, diez de los príncipes de Israel solamente dieron las noticias de desaliento porque estaba llena de gigantes, mas Caleb y Josué tuvieron gran visión en Dios de que podrían conquistar ésa tierra. En Números 14: 30 y 34, dice: “Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun. Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo. Dios hizo castigó al pueblo de Israel haciendo que vagaran en el desierto durante cuarenta años, pues Dios les dijo que nadie de esa generación vería la tierra prometida. Pero a Caleb le prometió a través de Moisés, que ésa tierra que ellos habían visto, se la daría por heredad cuando llegaran a la tierra prometida.

De ésta manera, Caleb le dijo a Josué: “Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar. Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho.” (14:11, 12) Caleb era de cuarenta años cuando fue a espiar la tierra prometida junto con los otros príncipes de Israel. Ahora él tenía ochenta y cinco años. Dicen que en los varones, la máxima agilidad se alcanza entre los 20 a 30 años de edad. Pero la fuerza máxima se alcanza entre 30 a 45 años de edad. Cuando Caleb fue a espiar a la tierra prometida era un varón que estaba en sus años dorados de fuerza. Muhammad Ali, tenía 36 años cuando ganó su última pelea, y 35 cuando ganó su última pelea por K.O. Mike Tyson, ganó 19 títulos por K.O. sin rebasar la 9 caída, pero de esos 19, 12 las ganó en la segunda caída. Iron Mike, como le decían, tenía 35 años cuando ganó su último campeonato de boxeo. Evander Holyfield, también conocido como ‘El guerrero’, tiene 45 años de edad y no ha perdido ningún combate en lo que va del año 2007. Él está buscando el campeonato de éste año para retirarse del boxeo. Pero para Caleb ya habían pasado sus años para el combate. Siendo de ochenta y cinco años, debería sentarse a ver crecer a sus nietos y bisnietos. Si acaso trabajaría todavía la tierra y criaría ganado, pero imposible pensar en salir a la guerra. Si fuera un elfo, sería un elfo muy joven, por lo que podría pensarse en salir a la guerra. Pero, siendo humano, ya sería más un estorbo. Ahora, siendo que él era de los pocos padres que salieron de Egipto y entraron a la tierra prometida, también otras tribus le tendrían respeto, por lo que si él pidiera una buena tierra, nadie tendría nada en contra de ofrecérsela. Pero Caleb tenía el espíritu de un guerrero. No quería las cosas gratis. A demás, Caleb había guardado la promesa de Dios durante cuarenta y cinco años. Él quería esa promesa y no quería descansar hasta verla cumplida.

Los anaceos eran considerados gigantes, grandes guerreros. Caleb mismo reconoció que ellos tenían grandes ciudades y fortificadas. Sin embargo, él no confió en su fuerza o en la de su tribu. Él confió en que Dios le había prometido ésa tierra, por lo que también le daría la victoria en batalla para que pudiera morar allí.

En Guadalajara, Dios también nos prometió que nos daría ésta tierra. Mucho tiempo servimos el CUCEI, pero era necesario que cruzáramos nuestro Jordán y comenzáramos la obra de conquista de los centros universitarios faltantes. Por eso, cuando M. Timoteo dijo que pensáramos en a qué centro universitario serviría cada fraternidad, pasé varios días orando y pensando qué centro universitario servir. Los fracasos, los deseos y las ideas propias hacen que los hombres se propongan metas. Pero no quería que la elección de la fraternidad fuera por algún sentimiento o pensamiento humano, que no fuera una elección mía o de los colaboradores de la fraternidad, sino que fuera dirección de Dios. Sentía una gran nostalgia dejar al CUCEI, pero sabía que también había que servir otros centros universitarios. Así, cuando llegó el Día D, los miembros de la fraternidad tomamos la decisión de servir el CUCEA. Pero ésa noche, durante la conferencia de líderes, M. Timoteo nos dio la dirección de servir el CUCEI. Por un lado lamentaba que no pudiéramos servir donde habíamos pensado la fraternidad unánimemente. Pero por otro lado, estaba feliz porque sabía que ése era del deseo de Dios, y también porque regresaría a servir el CUCEI. Sin embargo, no pasaron 24 horas cuando llegó una nueva dirección para nosotros. M. Timoteo otra vez nos dijo que cambiáramos nuestra dirección al CUAAD.

Agradezco a Dios por ésta dirección que nos dio, y por ésta tierra de misión. Hace muchos años, cuando todavía estaba en el quinto semestre de la carrera de electrónica en el TEC de Monterrey, quise cursar al mismo tiempo la carrera de música, por lo que tuve que ir al CUAAD a entregar papeles y hacer exámenes. En aquellos días me preguntaba quién y cuándo llegaríamos a evangelizar éste centro universitario. Pero en aquel entonces, mi fe estaba muy en pañales, y mis oídos espirituales estaban llenos de cera, por lo que no pude oír la voz de Dios que me decía que ésa tierra sería mía. Oro porque tenga ésa promesa de Dios en mi corazón, y sirva el CUAAD diligentemente. Oro porque en éste año pueda establecer a dos discípulos éste año.

Pero también reconozco que no es fácil servir ése centro universitario. El CUAAD no está cruzando la calle del Centro de UBF. Sin tomar en cuenta al CUCBA, el CUAAD es el centro universitario más lejano. El CUCEA también está lejos, pero estando sobre pleno Periférico, hay varias rutas de camiones y la estación del tren ligero se encuentra relativamente cerca. Al CUAAD es muy limitado el transporte público. En la fraternidad hay dos pastores con horarios de trabajo muy apretados, y otros dos pastores que tienen la tarde para pescar, pero les queda muy retirado el CUAAD. También hay una pastora que todavía es estudiante en CUCEI. Así, hay muchas cosas que parece que obstaculizan el servir allá. Pero Dios no nos ha dado éste centro universitario porque no podamos servirlo, sino porque Él ha visto en nosotros que podemos ir y conquistar ésa tierra, y Él nos ha prometido que nos dará las armas necesarias para finalmente tener la victoria. Por eso, con éste ánimo, en la fraternidad oramos porque sirvamos el evangelio en ése centro universitario, y para octubre de éste año, hayan 20 participantes en culto de domingo en nuestra fraternidad. A veces pienso que es una meta muy ambiciosa, pues solamente tenemos un mes para cumplir con la meta. Muchos estudiantes aceptan el estudio bíblico, pero no es fácil que acepten participar en el culto dominical. Pero por eso oro porque nos esforcemos más y Dios se agrade de nosotros, y podamos servir el CUAAD como un capítulo independiente.

A veces pienso en que son muchas metas para alguien que espera no estar mucho tiempo en éste ministerio. Orando por estudiar una maestría en el extranjero, conforme a la dirección que he recibido, muchas veces pienso si vale la pena proponer tantas metas, si oro porque en febrero ya no esté aquí. Pienso en que otro pastor será el director de Desafío, y él será quien guíe a la fraternidad para servir el CUAAD. También dará nuevas direcciones y tendrá una forma de ver las cosas distintas a la mía, por lo que muchas cosas cambiarán. Pero en ésta palabra, Caleb era de 85 años de edad cuando decidió ir a conquistar Hebrón y decidió luchar contra los poderosos anaceos. Ciertamente a Caleb tampoco le quedaban muchos años de vida, pero lo que le quedaba de vida, decidió usarlo para gloria de Dios, para que sus promesas fueran cumplidas, y él mismo luchó hasta ver las promesas de Dios cumplidas en él. Con los años que tenía encima, que Caleb saliera a la guerra era prácticamente un suicidio. Pero es no le importó, porque confió en que Dios le daría la victoria. Oro porque yo también vaya a la guerra y sirva el evangelio en CUAAD, y también sirva a los miembros de la fraternidad de Desafío hasta el final, hasta ver los frutos del CUAAD antes de irme. Se que no podemos estar allá a todas horas, porque todavía no somos una fraternidad tan grande, pero oro porque de la fraternidad de Desafío podamos salir diariamente a CUAAD para predicar el evangelio.

En diez versículos, salen tres veces que Caleb había seguido cumplidamente a Jehová. Caleb, en todas las cosas, tuvo visión en Dios, y conforme a ésa visión, desafió las adversidades y sirvió positivamente a la dirección que Dios le daba. El general Caleb no miró las dificultades, sino miró a Dios. Aunque conocía que habían dificultades, el no dependió en su propia fuerza o en otras cosas del mundo, sino que dependió en que Dios era quien le había establecido para conquistar la tierra. Oro por ser como el general Caleb. Muchas veces me pregunto si mejor no me debería retirar, y dejar que otros pastores se encarguen de las cosas que yo hago. Cometo muchas equivocaciones, hay muchos deseos pecaminosos en mi interior, y soy muy débil espiritualmente. Se que no tengo suficiente sabiduría para tomar decisiones, y me preocupo demasiado por cosas pequeñas, por lo que sería mejor que otros que son más sabios, fuertes y que saben diferenciar entre las cosas importantes y no importantes deberían estar en mi lugar. Pero también se que mi posición en la obra de Dios no es por influencias o palancas familiares como se da en el mundo, ni porque algún hombre de éste mundo u otro mundo me haya establecido, sino porque Dios me estableció. Con esa convicción, oro porque me mantenga firme en servir a mi Dios, y no me desanime, sino que tenga espíritu de guerrero y conquistador, desafiando las adversidades. Por eso, oro porque estudie rigurosamente la Biblia, no dejando la lectura personal diaria, ni el Pan Diario, y a demás retome mi meta de leer un libro piadoso cada mes. Con ello, oro porque tenga una preparación espiritual personal para servir la obra de Dios. Oro pueda ser un siervo que siga a Dios cumplidamente.

Títulos de oración:

· Que la fraternidad de Desafío salga diario a servir el evangelio a CUAAD.

· Que hayan 20 participantes a culto de domingo en la fraternidad hasta octubre de éste año.

· Que P. John pueda establecer a 2 discípulos del CUAAD en éste año.

· Que P. John diariamente lea la Biblia y escriba el Pan Diario, y cada mes lea un libro piadoso.

· Que la fraternidad de Desafío trabaje como un capítulo independiente para servir el CUAAD.



Una palabra: Tener espíritu de desafío y conquistador.

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