Friday, August 24, 2007

Comunión entre los santos

COMUNIÓN ENTRE LOS SANTOS

PALABRA/ 1 JUAN 1:1-10
V. CLAVE/ 1 JUAN 1:3

Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.

El apóstol Juan escribe ésta carta cuando las ideas del gnosticismo estaban influenciando la iglesia del primer siglo. Por eso, mientras en su evangelio trata de explicar a los gentiles que Jesús es el Hijo de Dios, en ésta carta Juan quiere fortalecer a los creyentes. Especialmente éste capítulo uno trata de la comunión entre los creyentes. Aunque hay muchas cosas importantes en la iglesia, la comunión entre los miembros es fundamental, pues sin ésta no podría haber iglesia. Dios mismo dio el mandamiento de amar al prójimo, y Jesús mismo mandó a sus discípulos a que se amen los unos a los otros. Pero el fundamento del amor es Dios. Oro para que, conforme a ésta palabra, revise mi relación con Dios y pueda tener una relación estrecha con Él. A través de esto, oro por tener una comunión santa con mis hermanos en la iglesia.

Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida” (v.1) Así comienza Juan su carta. Su carta da primeramente testimonio de Jesús. En ésta palabra, Juan compara a Jesús con ‘Verbo de vida.’ El verbo es una acción. En él hay mucho potencial. Un enunciado mismo no tendría significado si no tuviera verbo. Así, a través de Jesús los hombres tienen potencial. Pero el verbo puede hacer del sustantivo algo útil o innecesario, bueno o malo. Pero Jesús es el ‘Verbo de vida,’ o sea, en Él hay vida. Ésta vida se refiere a la vida santa, a la vida del hombre conforme fue creado por Dios, a su imagen y semejanza. Es la vida eterna. Éste Jesús que da fuerza a los hombres y da vida verdadera es del que Juan testifica.

En aquel tiempo la influencia de los gnósticos había contaminado la iglesia, metiendo ideas extrañas de que Jesús no fue carne, sino solamente una imagen, pues siendo Dios mismo, no podía contaminarse con la carne. Por eso Juan da claro testimonio de que Jesús vino a éste mundo en forma de hombre. Por eso dice claramente que le oyó, le vio, le contempló y le tocó. Jesús es el Señor que vino al mundo con forma humana y con cuerpo humano. Así se hizo el Señor al que nos podemos acercar, no es solamente una ilusión lejana. Jesús vino a éste mundo con cuerpo de hombre para poder darnos una salvación perfecta, y a través de su resurrección, también nos dio esperanza de una vida nueva.

Pero, ¿por qué declara esto? En los versículos 3 y 4, dicen: “…lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido. Juan predicó éste evangelio con gran anhelo. Cuando él escribió ésta carta, suponen que ya era anciano, y siendo él el más joven de entre los discípulos, probablemente tampoco habría otro apóstol en aquel tiempo más que él. Cuando escribió esta carta, todavía no lo habían llevado a la isla de Padmos. Pero durante toda su vida, él predicó el evangelio con tan gran anhelo, hasta ser prisionero y ser llevado a Patmos. Pero el propósito de ésta predicación era que tuvieran comunión unos con otros. M. Timoteo explicó ésta comunión con el término ‘Koinonia’ que quiere decir ‘fraternidad’ o ‘compartir la heredad.’ Ésta heredad que compartimos es el reino de Dios. En otras palabras, nosotros predicamos el evangelio para que todos podamos participar en el reino de Dios. A través de ésta predicación es que nosotros hemos podido conocer a nuestro Dios y compartimos tan grandes y preciosas cosas con nuestros hermanos en ésta iglesia. Por ésta predicación es que llegamos a tener hermanos en todo el mundo, a los cuales llegamos a conocer en las conferencias Latinoamericana e Internacional. Por ésta predicación es que tenemos hermanos cristianos en todo el mundo, aunque nosotros no los conozcamos.

Pero Juan dice claramente que ésta comunión en realidad es ‘con el Padre y su con su Hijo Jesucristo.’ Ésta es la diferencia básica entre la comunión del mundo y la comunión entre los creyentes. La comunión del mundo se basa en las conveniencias mutuas. Aunque sigan un mismo fin, debe haber una conveniencia entre los que participan. Cuando ésta conveniencia se acaba, también acaba la comunión. Sin embargo, la comunión cristiana se basa en la relación con Dios. Si mi relación con Dios está bien, entonces mi relación con los demás también está bien. Si mi relación con Dios está mal, entonces también mi relación con los demás está mal. Por eso, antes de buscar culpables, debemos reconocer que nosotros mismos somos culpables si no tenemos una buena relación con algún hermano. En Génesis, cuando Adán y Eva rompieron la relación con Dios a través de desobedecer su palabra, lo que hicieron fue culparse unos a otros. Ya no existía la relación de confianza, amor y apoyo mutuos. Por eso, durante el estudio, M. Timoteo también insistió en varias ocasiones que debemos saber que los culpables somos nosotros mismos, no otros. Por eso, cuando tenemos problema de comunión con otro hermano, debemos revisarnos a nosotros mismos, y llevar a Dios mis pecados y mis problemas.

Por M. Timoteo y otros pastores o gurús de liderazgo aprendí que los líderes van a ser fuertemente criticados por otros. Aunque otros hagan lo que hagan, puede ser que pase de largo, pero lo que hagan o dejen de hacer los líderes se les mide con una regla picométrica. Pero los líderes deben poder soportar esas críticas. Así, acepté que dijeran lo que dijeran de mí, de todos modos yo solamente seguiría haciendo mi trabajo. Pero no cuidé mi relación con Dios cuidadosamente, por lo que me hice orgulloso e indiferente. Entonces comencé a descalificar a algunos colaboradores y a no tomarlos en cuenta. Y me decía, ‘es que ellos son los que no quieren trabajar,’ o ‘son los que siempre se quejan de todo.’ Pero estudiando ésta palabra me arrepentí de éste corazón. Es cierto que los líderes van a ser criticados por todo, es imposible evitar ése hecho. Pero en la Biblia Jesús no le enseñó a Pedro a que fuera indiferente con los demás. Abraham no fue indiferente con Lot que le abandonó. Moisés tampoco lo fue con el pueblo que tantas veces se reveló y murmuró contra él y contra Dios. En ésta palabra Juan enseña claramente que la razón de predicar el evangelio es para que haya comunión entre los santos.

Oro para que conforme a ésta palabra, cada día vaya a Dios con un corazón arrepentido, y siendo lavado en la sangre de mi Señor Jesús, pueda reconciliarme con Dios y con mis hermanos. Hay tantos pecados pasados con los cuales Satanás acusa mi conciencia. Hay tanto orgullo en mi corazón. Tengo también la presión de pensar que siendo hijo de M. Timoteo debería dar muchos y mejores ejemplos hacia los demás, pero que simplemente no puedo. Pero oro y confío en que si voy a Dios, Él es fiel para recibirme. Como dijo el salmista: “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” (Salmos 51:17b) El ser líder no es solamente estar encargado de las cosas y dar órdenes. El ser líder es ser servidor de todos. Oro porque haciendo mi relación más estrecha con Dios cada día, también pueda ser buen líder que ame a los demás y les sirva.

De los versículos 5 al 10, el apóstol Juan manifiesta la característica de Dios como luz. Así, si Dios es luz, nosotros también debemos andar en la luz. Y si andamos en la luz, Dios nos da la gracia de ser perdonados de nuestros pecados mediante la sangre de nuestro Señor Jesucristo.

Oro para que seamos los siervos que salen a predicar el evangelio y dar testimonio de nuestro Señor Jesucristo a los estudiantes universitarios, y a través de ello podamos gozarnos todos en gran comunión con nuestro Dios. Oro para que cada uno de nosotros tengamos una relación correcta y estrecha con nuestro Dios, y a través de ello también podamos formar un buen ambiente, lleno del amor de Cristo y del Espíritu Santo, en nuestra iglesia, y ésta iglesia crezca sanamente para servir la obra en Guadalajara y la obra de Misión Mundial.

Una palabra: Mi comunión verdaderamente es con mi Padre Dios y mi Señor Jesucristo.

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