Thursday, October 4, 2007

El poder de la fe

EL PODER DE LA FE

PALABRA/ MARCOS 9:14-29
V. CLAVE/ MARCOS 9:23

Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.

En ésta palabra, Jesús sana a un muchacho endemoniado. Pero no solamente le sana a él, sino que al padre del muchacho le enseña la fe y a los discípulos les enseña a usar las armas de la oración y el ayuno. Oro que cada día pida a Dios porque me de la fe y pueda hacer grandes obras para gloria de Dios.

Jesús, Pedro, Jacobo y Juan bajaron del monte donde Jesús se había transfigurado. Pero al bajar ellos encontraron a los otros nueve discutiendo con los escribas. Por otro lado, estaba una multitud observándolos, un muchacho endemoniado y un padre desesperado. En medio de ésa discusión, Jesús les preguntó “¿Qué disputáis con ellos?” (v. 16) Entonces, ninguno de los nueve se atrevió a decir nada. Estarían como niños regañados, que sabían que habían hecho algo incorrecto, pero por miedo a lo que les podría suceder, al regaño que tendrían, no se animaban a decir nada. No fue hasta que el padre del muchacho endemoniado le dijo a Jesús, cómo le había traído a su hijo, pero al no encontrarle le pidió a los discípulos, pero éstos no pudieron hacer nada. (v. 17, 18) Entonces, Jesús gimió por la situación: “¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo.” (v.19) Jesús no se lamentó de que sus discípulos no hubieran podido sacar al demonio. Jesús se lamentó por la situación del siglo. Él manifestó que el problema era la incredulidad.

Entonces, ¿cómo se manifiesta la incredulidad en los que estaban allí?

Los discípulos no pudieron sacar al demonio. Por un lado, ellos confiaron en que anteriormente había podido sacar demonios. En Marcos 6:7-13 estudiamos cómo Jesús les envió de dos en dos, y en los versículos 12 y 13, dicen: “Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban. En aquel entonces, como era la primera vez que lo hacían, ellos iban con temor, pero solamente confiaron en que Jesús les ayudaría donde fuera que ellos estuvieran. Pero en ésta ocasión, ellos confiaron en su experiencia pasada, y olvidaron el ingrediente secreto: La fe en Jesús. Por otro lado, ellos también estarían un tanto molestos porque Jesús solamente se llevó a aquellos tres al monte, en lugar de llevarse a todos. Entonces, teniendo ésa molestia en su corazón, trataron de hacer las cosas de forma que fuera manifestado que ellos también eran tan dignos de haber ido con Jesús como Pedro, Jacobo y Juan. Ellos esperarían que si sacaban al demonio del muchacho, Jesús regresaría y les diría: ‘¡Oh, lo siento! Ustedes son discípulos muy poderosos, ya no los voy a hacer a un lado.’ Así, en lugar de buscar que fuera manifestado el nombre de Dios a través de sacar al demonio, ellos estarían esperando su propia gloria y reconocimiento. Entonces, el Espíritu Santo no pudo trabajar a través de ellos, y al demonio le parecían solamente ruido todo lo que le decían los discípulos.

Los escribas eran de la elite religiosa en la sociedad judía. Sin embargo, ellos en lugar de buscar cómo ayudar al muchacho, solamente estuvieron viendo lo que hacían los discípulos de Jesús. Al ver el fracaso de éstos, se habrían sentido muy contentos y solamente les criticarían, haciendo que, en lugar de ayudar al muchacho, todo se tornara en una mera discusión.

La multitud solamente estaba mirando. Ninguno se metió a interrumpir aquella conversación para que miraran lo que estaba pasado con el muchacho. Ellos no iban con el corazón de ayudar, solamente fueron a mirar.

El padre habría llegado con gran fe en Jesús por todas las cosas que había escuchado sobre él. Pero al llegar y ver que sus discípulos no le pudieron sacar, entonces desfalleció su fe. El pensó que ya nadie le podría ayudar.

En nuestro tiempo, éste problema de incredulidad sigue siendo el principal problema. Especialmente en México, muchos han participado en muchas actividades de la iglesia católica, pero como fueron ovejas sin un buen pastor, se decepcionaron y piensan que Dios no existe, y que la iglesia es solamente una institución humana que se dedica a manipular y extorsionar a las personas. Pero en medio de esa situación, estamos nosotros como emisarios de Dios para predicar el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Nosotros debemos tener la fe para vencer las situaciones difíciles y hacer que el nombre de Dios sea honrado otra vez entre los hombres.

Pero en ésta palabra estaba el padre que quería honrar a Dios. El solamente necesitaba que su hijo fuera curado. Sin embargo, él no vio ninguna ayuda. Cuando Jesús bajó y le llevaron al muchacho, dice el versículo 20, el muchacho se puso peor de lo que estaba. Luego, en lugar de sanarle, Jesús comenzó a preguntar al padre del muchacho que cuánto hacía así el muchacho (v.21a), y éste le dijo: “Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.” (v.21b, 22) El papá ya estaba totalmente decepcionado. Para él ya no había esperanzas. Por eso le dijo a Jesús: ‘…si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.’ Él no creía que Jesús podría hacer algo. Con éstas palabras eran sus palabras diciéndole a Jesús que no se sintiera mal si no podía hacer nada.

Pero, ¿qué fue lo que Jesús le dijo? Dice el versículo 23: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible. En otras versiones de la Biblia, Jesús primero regaña al papá diciéndole: ‘¿Cómo que si puedo? Luego le dice, el secreto de la fe. Para quien tiene fe, nada le es imposible, porque para Dios nada es imposible. Jesús en lugar de ayudar inmediatamente al muchacho, puso su atención en el padre del muchacho. Primero quiso ayudarle a sanar su estado espiritual. El padre había tenido fe en Jesús, por eso fue a él; pero al ver que los discípulos no pudieron hacer nada, se decepcionó al grado de no creer absolutamente en Jesús. Así, él tenía una fe irregular, que cambiaba conforme a la situación. Jesús quiso enseñarle a tener una fe constante, que no se mueva por las dificultades. Satanás siempre trata de ponernos trampas para confundirnos y hacer que desfallezca la fe. Pero al que cree todo le es posible.

Así, el padre del muchacho confesó su falta de fe, y pidió que le diera ésa fe. La fe no es algo que haya en nosotros. Nuestra naturaleza pecaminosa nos hace que siempre estemos dudando. Pero Dios nos da la fe. Si oramos a Dios que nos de la fe, él nos la dará, y podremos hacer grandes obras.

Oro para que cada día Dios me de la fe para desafiar las situaciones que parecen imposibles. El apóstol Pablo también entendió éste poder de la fe. Por eso dijo: ‘Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.’ (Fil. 4:13) Y también enseñó: ‘Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?’ (Rom. 8:31) Dios mismo también le dijo a Abraham: ‘¿Hay para Dios alguna cosa difícil?’ (Gen. 18:14) Me arrepiento porque muchas veces caigo en meras habladurías, diciendo que hagamos las cosas por la fe, pero en mi interior tengo muchas dudas. M. Timoteo nos ha preguntado varias veces a los directores si vamos a cumplir verdaderamente nuestras metas, y cada vez que me pregunta, siempre digo que sí. También, cuando oía sobre metas reales y metas por la fe, me disgustaba mucho pensando en qué era eso, pues ni las dichosas metas reales las podríamos cumplir sin fe. Pero la verdad es que aún en mi estaba la duda de si realmente podríamos cumplir con esas metas. En otras ocasiones, no tuve dolor de no haber cumplido con nuestra meta, al contrario, me conformaba con que hubieran ido dos o tres ovejas, sin importar la meta. Pero ésta es una fe mediocre, a la que difícilmente se le podría llamar fe, sino solamente habladurías. Oro porque en éste tiempo que estamos preparando la conferencia de otoño, ore hasta que mi sudor sea como gotas de sangre que caen hasta la tierra. Oro porque teniendo ésta fe, también pueda fortalecer a los demás miembros para que tenga la fe en Jesús, y esta vez cumplamos con nuestra meta de llevar a 20 ovejas de la fraternidad de Desafío, y 95 ovejas a la conferencia de otoño.

Después de ayudar a la fe del padre, también ayudó al muchacho haciendo que el demonio saliera de él, y le mandó que ya no volviera más. Y mandó al muchacho con su padre (v.25-27). Luego fueron a la casa donde estaban morando. Entonces los discípulos le preguntaron a Jesús: “¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?” (v.28b) Ellos podrían temer que Jesús les llamara la atención. Sabían que Jesús conoce el corazón de los hombres, por lo que tendrían miedo de que les reprendiera porque quisieron hacer las cosas por su propio esfuerzo y experiencia, también les podría regañar por tratar de buscar su gloria a través de usar el poder de Dios. Pero ellos se aguantaron y quisieron saber cómo podrían hacer grandes obras. Ellos se interesaron en poder crecer como siervos poderosos de la palabra.

Oro por tener éste espíritu de ser un siervo poderoso. Un profesor en mis tiempos de universitario me dijo que no existen las preguntas tontas, más bien hay tontos que no preguntan. Sócrates enseñó la mayéutica como el camino para llegar a la sabiduría. Pero ésta mayéutica consistía en hacer preguntas de todo hasta llegar al conocimiento preciso. Es claramente diferente dudar por incredulidad, y dudar por tratar de aprender más. Oro porque siempre tenga el deseo de ser gran siervo de Dios, y haciendo muchas preguntas busque las respuestas en la Biblia, que es la palabra de Dios, y pueda aprender mucho sobre el mundo de la fe.

Jesús les dijo a sus discípulos: “Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.” (v. 29) Jesús les enseñó lo poderoso que son las herramientas de la oración y el ayuno. La oración puede incluso mover el trono de Dios, pues Dios escucha las peticiones de sus hijos. El ayuno es entregar nuestra dedicación a Dios dejando a un lado los deseos físicos, para dedicar a la oración. Así, si la oración a veces no es suficiente, pero si oramos y ayunamos, ciertamente será manifestado el poder de Dios.

Oro porque en éste tiempo de preparación de la conferencia de otoño, podamos tener ésta fe para cumplir todas las metas propuestas. Así, sea manifestada la gloria de Dios, y muchos jóvenes en campos universitarios puedan recibir gran bendición y ser establecidos como discípulos de Jesucristo. También oro porque a través de esto, nosotros también venzamos nuestra incredulidad y podamos aprender a depender absolutamente en Jesús. Así, nosotros crezcamos como maestros exaltados de la Biblia, y Guadalajara sea una Antioquia para éste siglo.

Una palabra: Al que cree, todo le es posible.

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