Thursday, March 6, 2008

DIOS DE VIVOS

DIOS DE VIVOS

Palabra / Marcos 12:13-27
V. Clave / Marcos 12:27

Dios no es Dios de muertos, sino de vivos; así que vosotros mucho erráis.

En éste pasaje, los líderes religiosos decidieron hacer las preguntas difíciles a Jesús. Pero Jesús contestó a éstas preguntas con la palabra de Dios. Jesús les enseña que lo más importante es dar a Dios lo que es de Dios, y que Dios es Dios de vivos. A través de ésta palabra, oro para vivir delante del Dios de los vivos, y le entregue a él todas las cosas que él merece recibir.

Primero llegaron con Jesús los fariseos y los herodianos. Un dúo simplemente extraño. Los fariseos eran los líderes religiosos con el orgullo de ser el pueblo de Dios. Así, con ésta idea, ellos no querían aceptar que fueron conquistados por otra nación, y no querían dar los impuestos a Roma. Ellos decían que el tributo se debía dar a Dios, no a ninguna otra nación. Por el otro lado, los herodianos eran un grupo político que apoyaba al rey Herodes. Ellos querían el favor de Roma y vivían conforme a las leyes y tradiciones romanas. Por lo tanto, ellos también apoyaban la paga de impuestos a Roma. De ésta forma, herodianos y fariseos formaban una pareja dispareja. Sin embargo los dos tenían un mismo fin: quitar a Jesús de sus caminos. Jesús había indicado en muchas ocasiones las faltas y los males de los fariseos como líderes religiosos. Ellos estaban enojados con Jesús porque indicaba sus faltas, y al mismo tiempo estaban celosos de él por su popularidad. Los herodianos no sabemos exactamente qué problema tenían con Jesús. Podríamos imaginar que como Jesús estaba teniendo mucha popularidad, podría derrocar al rey Herodes, y entonces los herodianos perderían todos sus privilegios. Aunque no sabemos con exactitud, en la Biblia menciona que solamente dos veces se juntaron herodianos y fariseos, y las dos ocasiones eran para matar a Jesús. Su plan era macabramente perfecto.

Ellos llegaron con Jesús y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?” (v.14) Primero, ellos adularon a Jesús. Ellos no creyeron en sus palabras. Ellos solamente adularon a Jesús para poder llegar a preguntar su pregunta ponzoñosa. Pero ellos no llegaron a esto simplemente por adular, sino que en su hipocresía se escondía una verdad. Jesús enseñó a los hombres la verdad del camino de Dios. Jesús no miraba la apariencia de los hombres, sino que conocía sus corazones. Jesús sabía que estos hombres que habían venido a él, no venían con la intención de aprender de él, sino querían tentarle. Segundo, ellos preguntaron sobre el tributo a César. El tributo a César era una cuestión muy delicada entre los judíos. Ellos no querían dar el tributo a César. Por eso, si Jesús decía que sí se diera el tributo, entonces los fariseos lo acusarían de traidor a la nación, y el pueblo se decepcionaría y se alejaría de Jesús. Por el otro lado, si Jesús enseñaba que no se diese tributo a César, los herodianos acusarían inmediatamente a Jesús ante Roma diciendo que era un revoltoso que enseñaba a no pagar los tributos a Roma.

Parecía que Jesús se encontraba entre la espada y la pared. Sin embargo, ¿qué fue lo que respondió Jesús? Jesús les pidió una moneda, y les preguntó de quién era la imagen y la inscripción. Ellos entonces respondieron: “De César. Entonces, Jesús les dijo: “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.” (v.17) Primero, Jesús enseñó a dar a César lo que era de César. Esto es, que ellos debían reconocer que todas las cosas están bajo la soberanía de Dios, por lo que el hecho de que César hubiera impuesto leyes y tributos también era porque Dios así lo permitía, por lo tanto, los israelitas debían aceptar y obedecer a ésta soberanía de Dios. Nosotros también, muchas veces no quisiéramos cumplir con las leyes. A veces pensamos que son insignificantes y que ya no importan esas leyes porque vivimos bajo la soberanía de Dios. Pero por el contrario, siendo que vivimos bajo la soberanía de Dios, debemos cumplir con mayor razón las leyes del mundo, porque Dios es quien pone a los gobernadores, y él es quien les da potestad de poner las leyes. En Romanos 13:1, Pablo les manda a los santos en Roma que se sujeten a las autoridades del mundo, porque éstas fueron puestas por Dios. Jesús también le dijo a Pilato que la autoridad que tenía no la tendría si no fuera dado por Dios. Así, debemos ser respetuosos con la ley debemos cumplirla.

Segundo, Jesús enseñó a dar a Dios lo que es de Dios. Jesús hace especial mención de esto por causa de los fariseos. Ellos no querían dar el tributo a César diciendo que ellos solamente debían dar tributo a Dios. Sin embargo, ellos mismos no entregaban a Dios lo que es de Dios. En Marcos 7, Jesús también regañó a los fariseos diciendo que ellos usaban las leyes de Dios para quebrar las leyes de Dios. En esa ocasión les indicó que ellos dejaban que un hombre no ayudara a su padre y a su madre diciendo que lo que tenía era Corbán, ofrenda para Dios, pero en realidad ellos ni siquiera entregaban esto a Dios. Nosotros debemos dar a Dios lo que es de Dios. En nuestro interior tenemos la imagen y el sello de Dios. Por eso nuestra vida le pertenece a Dios. El apóstol Pablo enseñó, diciendo: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” (Rom. 12:1) Debemos entregar todo nuestro cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.

En éste mundo es fácil confundir lo que hay que dar a Dios y lo que hay que dar a César. En el mundo le temen a no pagar impuestos, porque éste genera multas y hasta la cárcel. Pero los hombres no temen tanto el dar a Dios lo que a él le pertenece. Los hombres nunca faltan a trabajar, pero cuando se trata del estudio bíblico, escribir Sogam o Pan Diario, siempre hay excusas y lo dejan para otro día, hasta que finalmente no lo hacen. Las personas menosprecian a ofrenda a Dios pensando que hay gastos más importantes qué hacer. Ellos dicen: ‘Primero comer que ser cristiano.’ Pero olvidan que la comida y todas nuestras necesidades Dios nos las suple si nosotros nos entregamos totalmente a él, porque él es nuestro Padre y nosotros sus hijos. Nosotros como cristianos tenemos dos ciudadanías, la celestial y la terrenal, por lo que debemos cumplir con éstas dos cosas. Dejar de hacer las cosas de Dios por hacer las cosas que nosotros queremos, también es dejar de dar a Dios lo que es de Dios. Oro porque tenga un corazón totalmente entregado a Dios. Muchas veces mi orgullo me impide entregar las cosas a Dios. Aunque trabaje en el Centro, muchas veces hago las cosas buscando mi propia satisfacción. Aunque no espero ser reconocido por otros, si espero ser reconocido por mi padre y por mí mismo. Por eso, en lugar de hacer las cosas para gloria de Dios, termino haciendo las cosas para mí mismo, para mi propia gloria. Me arrepiento porque a veces salgo a pescar con ése afán, y por eso cuando las ovejas parce que no aceptan, con facilidad las abandono y ya no las sigo buscando. Oro para que todas las cosas que haga, grandes o chicas, las entregue a Dios, porque él merece toda la gloria y toda la alabanza. También oro porque organice bien mi tiempo y no la desperdicie, sino que la aproveche bien para servir a Dios, leyendo la Biblia, preparando los estudios, meditándola, y un sin número de cosas que podría estar haciendo en lugar de perder el tiempo.

Luego que los fariseos y herodianos escucharon la respuesta de Jesús, se sorprendieron de su sabiduría, y se fueron. Pero luego entraron los saduceos. Éstos eran gente que tenía gran influencia dentro de la sociedad judía. No se le podía catalogar como religiosos porque ellos solamente creían en los cinco libros de Moisés, pero no creyeron en la resurrección. Ellos pensaron que las bendiciones de Dios serían en ésta tierra, por lo que buscaron juntarse con poderes políticos y ricos. Ellos llegaron con Jesús y le hicieron una pregunta sobre lo que pasaría en la resurrección. Crearon la historia de siete hermanos. El mayor de ellos se casó con una mujer, pero murió sin dejar descendencia, por lo que el segundo se casó con ella según la ley de Moisés. Pero éste también murió sin dejar hijos, y el tercero se casó con ella, y luego el cuarto, el quinto, hasta el séptimo. Finalmente también la mujer también murió. Entonces, los saduceos preguntaron a Jesús que cuál de los hermanos tendría a ésta mujer en la resurrección, siendo que los siete se habían casado con ella. Ellos querían mofarse de la resurrección. Ellos pensaron que los problemas de éste mundo seguirían en el siguiente, por lo que no debía haber resurrección por el bien de la humanidad. Pero, Jesús les respondió: “¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?” (v.24) Jesús les dice que ellos estaban ignorando las Escrituras y el poder de Dios. Primero, Jesús les dice: “Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos.” (v.25) Nosotros seremos como los ángeles. Nuestros cuerpos no van a ser como lo conocemos, sino que tendremos cuerpos celestiales. En ésta tierra tenemos necesidad de casarnos para complementarnos, pero en la resurrección seremos perfectos y solamente daremos gloria a Dios. Segundo, Jesús les dice: “Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?” (v.26) Jesús les enseña a los saduceos a que lean, comprendan y acepten la palabra. En el Antiguo Testamento en repetidas ocasiones manifiesta que Dios es Dios de vivos. Sin embargo, los saduceos no quisieron aceptar ésta palabra, sino que solamente quisieron aceptar lo que quisieron. Por eso ellos erraban en su pensamiento, ignorando las Escrituras y el poder de Dios.

Entonces Jesús les dice: “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.” (v.27) Los muertos tienen pensamientos oscuros. Al no tener fe en la resurrección, los hombres temen a la muerte, y siempre viven con inseguridad. Sin embargo, los hombres de Dios, tienen poder y fuerza vital. Dios es luz, por lo que también ilumina nuestros pensamientos. Despeja todos nuestros miedos. Porque nosotros servimos al Dios de vivos, sabemos que la muerte no nos hace nada. El apóstol Pablo dijo sobre esto, “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1Cor. 15:53-55) Cuando tenemos fe en la resurrección, también podemos desafiar al poder de la muerte, diciendo: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Esto es porque Dios es más poderoso que la muerte. Nuestro Señor Jesús murió en la cruz, pero venció el poder de la muerte al resucitar al tercer día. Así, nosotros también sabemos que si morimos, resucitaremos.

Oro porque teniendo fe en éste Dios de vivos, también viva mi vida lleno de fuerza vital. Oro por tener ánimo para servir el evangelio. Oro por meditar en la palabra y arraigar mi fe en el evangelio. Oro por conocer correctamente la palabra, y pueda enseñar correctamente la palabra. Oro porque luche contra el poder del pecado en los centros universitarios y sea manifiesto el Dios de vivos, a través de mi vida y en la vida de los estudiantes.

Una palabra: Dios es Dios de vivos.

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