Saturday, March 8, 2008

LA SANGRE DEL NUEVO PACTO

LA SANGRE DEL NUEVO PACTO

PALABRA/ MARCOS 14:1-26

V. CLAVE/ MARCOS 14:24

Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.

Oro para que a través de ésta palabra guarde en mi corazón el nuevo pacto con Dios, y entregue todo lo mejor de mí a mi Señor Jesús, quien es mi salvador, mi rey eterno que merece toda la gloria. Oro para que ésta sangre del nuevo pacto también pueda llegar al corazón de los estudiantes en los centros universitarios. Así, oro porque cada uno de nosotros seamos diligentes en predicar éste evangelio.

Finalmente los fariseos se cansaron de Jesús y decidieron matarle. Esto sucedió dos días antes de la Pascua y la fiesta de los panes sin levadura. La Pascua era la celebración de los judíos donde recordaban la salida de Egipto, dejando su vida de esclavos a una vida libre en camino a la tierra donde fluye leche y miel. La fiesta de los panes sin levadura era una celebración para recordar los días en los que fueron esclavos en Egipto, y con esto también dieran agradecimiento por la vida en libertad que vivían en ese momento. Así, estas dos fiestas eran muy importantes en las vidas de los judíos. Por esto, los sacerdotes y los escribas decidieron no matar a Jesús durante las fiestas para no causar alboroto.

En ese tiempo, mientras los fariseos decidían qué y cómo hacer, Jesús fue a Betania, a la casa de Simón el leproso. Jesús, sus discípulos y varios otros invitados estarían a la mesa compartiendo la comida. Pero en medio de ésta comida, vino una mujer y derramó un vaso de alabastro de nardo puro de mucho valor. En el versículo 5 dice que ése vaso de alabastro de perfume, valía más de trescientos denarios, esto es aproximadamente $15,000 pesos mexicanos. Cuando ella hizo esto, algunos de los que estaban a la mesa se enojaron y comenzaron a murmurar de ella, diciendo que se había desperdiciado ése dinero en Jesús, cuando se pudo haber ayudado a los pobres. ¿Verdaderamente estos hombres habrán sido tan filantrópicos? Seguramente que ellos no lo eran, pero ellos no quisieron expresarse, diciendo: ‘¿Por qué mejor no me dio el perfume a mí y lo desperdició derramándolo en Jesús?

¿Por qué ésta mujer habría hecho lo que hizo? Si vemos éste mismo evento en el evangelio de San Juan, dice que la mujer era María, la hermana de Lázaro. Ella amaba a Jesús, por eso quiso entregarle lo mejor y más preciado que tenía a él. Era tradición de las mujeres juntar perfume en un vaso de alabastro para su boda. Por otro lado, el nardo era una flor exótica para los judíos. Ésta flor de nardo provenía del Himalaya, por lo que su precio era muy alto, pues se traía desde muy lejos. Por eso las mujeres juntaban poco a poco el nardo comprando la cantidad que pudieran. Por eso es que el vaso de alabastro que tenía María era carísimo. 100ml de Chanel No.5 cuesta $600 pesos mexicanos, por lo que sería lo equivalente a aproximadamente 2.5lt de éste perfume. Ella habría guardado con mucho esfuerzo y celo éste perfume para poder usarlo el día de su boda. Pero en lugar de usarlo en su boda, ungió a Jesús con su perfume durante la comida en casa de Simón. Ella entregó a Jesús lo más precioso que tenía. Ella conoció a Jesús como un gran maestro y profeta que podía hacer muchos milagros. Luego se hicieron amigos muy cercanos, tanto así que en el evangelio según San Juan, declara que Jesús amaba a Lázaro, Marta y María. Pero cuando María vio cómo Jesús hizo resucitar a su hermano Lázaro de la muerte, reconoció que Jesús no solamente era un gran enviado de Dios, sino que era el Cristo, el Mesías que ella tanto tiempo había estado esperando. Por esto, ella decidió entregar lo más precioso de su vida a Jesús. Los otros que estaban a la mesa comiendo, no pudieron comprender esto y solamente le criticaron.

Al oír esto, Jesús les dijo: “Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho.” (v. 6) Jesús conoció el corazón de María y recibió con agrado ésta ofrenda que ella le ofrecía. En realidad, a Jesús también le sería un poco incómodo que ella hubiera derramado el vaso de alabastro de perfume sobre de él durante la comida. Todavía si le hubiera puesto unas cuantas gotas sobre su cabeza hubiera estado bien para llenar de una fragancia agradable. Pero derramar todo el vaso de alabastro, primero sentiría toda su cabeza y su ropa mojada, luego el perfume tendría un olor tan penetrante, que en principio podría parecer agradable, pero poco a poco sería molesto, y finalmente sentiría todo su cuerpo muy viscoso. Pero Jesús recibió éste acto de María y la defendió de las críticas de los hombres que estaban a la mesa. Realmente sus comentarios pudieron haber herido profundamente a María, pues ellos hicieron parecer que darle a Jesús algo tan precioso era un desperdicio. Por eso Jesús les dijo: “Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis.” (v.7) Los pobres siempre van a estar y van a tener oportunidad de servirles. Pero Jesús moriría en dos días. Si María no hubiera hecho lo que hizo en ése momento, ya no podría tener otra oportunidad. Era realmente una oportunidad única en su vida. Nosotros también podemos tener varias oportunidades para ayudar a otros hombres, pero para servir al Señor cada oportunidad es única. No sabemos si ésta oportunidad se presentará otra vez. Podemos confiarnos de que somos pastores o miembros de una iglesia, por lo tanto pasamos mucho tiempo de nuestras vidas sirviendo en la iglesia y, por consecuencia, tenemos muchas oportunidades para servir al Señor. Pero esto es una necedad porque ésa oportunidad no se volverá a presentar jamás otra vez, y no sabemos lo que nos pase mañana, pues si morimos, ya no pudimos servir al Señor, y si estamos en problemas, buscaremos al Señor pero perdimos la oportunidad de servirle antes de que sucedieran los problemas.

Oro para tener éste corazón de María que entregó lo mejor de ella a Jesús sin escatimar nada. Ella pudo haber negociado un poco derramando un poco de perfume sobre Jesús y guardando el resto. Pero ella no quiso entregarle un poco de ella, sino quiso entregarle todo de ella. Muchos hombres no dan las ofrendas a Dios porque piensan que tienen necesidades más importantes, y dicen dentro de sí: ‘Dios comprende mi necesidad. Pero estas personas piensan esto porque no confían en Dios, sino solamente ven su necesidad momentánea. No conocen la bendición de la abundancia de Dios. Otros piensan que mientras son jóvenes hay que gozar la vida, y cuando uno llegue a una edad adecuada, puede entregarse a servir a Dios. Pero ellos piensan así porque no conocen el gozo y la felicidad de vivir sirviendo a Dios, sino que solamente ven las tribulaciones y quieren huir de éstas. Hay sueños que queremos lograr y pensamos que a Dios podemos servirle donde sea y como sea, y se aferran a tratar de lograr su sueño. Hay deseos escondidos en nuestro corazón y queremos hacer transacción con la situación para no salir perjudicados o no perder tanto. Pero lo que nuestro Señor quiere de nosotros es que le entreguemos todo de nosotros. En Deuteronomio 6:5, estudiamos: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Dios nos mandó a que le amemos con TODO nuestro corazón, TODA nuestra alma, y TODAS nuestras fuerzas. Dios es digno de recibir todo lo mejor de nosotros, porque él nos amó primero, y cuando estábamos en caminos de sombras de muerte, tuvo misericordia de nosotros, y tuvo la iniciativa de amor al acercarse a nosotros para darnos la vida eterna. Antes de que nosotros siquiera pudiéramos pensar en que existiríamos, él nos tenía en su seno con un plan para nosotros. Y antes de que nosotros pudiéramos cometer algún pecado, él se adelantó para enviar a nuestro Señor Jesucristo a morir en la cruz para que en éste tiempo podamos ser perdonados sin necesidad de obras, sino solamente con fe. Dios dio lo más precioso que él tenía para salvarnos a nosotros. Por eso él es digno de recibir lo más precioso que nosotros tenemos.

Pero cuando Jesús recibió la ofrenda de ésta mujer, no solamente la recibió como un acto bueno, sino que dijo: “Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.” (v.8, 9) Jesús recibió éste ungimiento con perfume como su unción para su sepultura. María nunca habría imaginado hacer una cosa así. Pero Jesús hizo representar lo que ella hizo como algo mucho más importante de lo que ella pensaba. Ella solamente quería mostrarle su amor a Jesús, pero Jesús hizo de su ofrenda un símbolo. Por eso les dijo que donde quiera que se cuente éste evangelio, se recordará lo que ella hizo. A veces podemos pensar que lo que hacemos es muy poco. Pero aunque sea poco, Dios lo recibe y lo usa grandemente. No debemos pensar que como es poco, no vale la pena hacerlo o entregarlo, sino que simplemente hay que darlo a Dios. Nuestro servicio en los centros universitarios a través del estudio uno a uno en ocasiones parece muy poco. Pero a través de ése estudio de uno a uno son levantados los líderes espirituales para éste siglo, y ellos continuamente llevan el evangelio. Limpiar el baño en el Centro parece un trabajo poco importante comparado con preparar el tercer piso para el culto dominical, pero si nadie limpiara el baño, todo el Centro apestaría y no podríamos entregar una ofrenda de olor grato a Dios durante el culto dominical. Si cada uno entrega lo mejor de sí a Dios, parezca poco o no, Dios lo toma y lo usa grandemente en su obra. Así sucedió cuando entregaron a Jesús cinco panes y dos peces. También Jesús reconoció que las dos blancas de la viuda eran más que todos los denarios que los ricos habían dejado caer en la caja de las ofrendas. Dios no ve la cantidad, sino la calidad. Dios ve si lo entregamos con un corazón sincero y con todo nuestro amor a Dios.

Oro porque seamos los hombres y mujeres de fe que aman a Dios con todo su corazón, toda su alma y todas sus fuerzas, y por ello entreguemos a nuestro Señor lo mejor de nosotros sin escatimar nada. Oro porque así seamos instrumentos útiles e importantes para Dios, y Dios nos pueda usar para manifestar su gloria.

Me arrepiento porque muchas veces no entrego las cosas a Dios con todo mi corazón, sino que hago transacción con la situación, veo mi propio interés, busco ser reconocido o quiero recibir agradecimientos. Muchas veces, aunque puedo quedarme más tiempo para pescar, pienso que ya hice mucho, y que como di varios estudios, nadie me puede decir nada. Por eso, en lugar de amar a las ovejas y amar el servir a Dios, me enorgullezco de lo que he hecho. También quiero ser buen líder, pero al pensar solamente en esto y no pensar en el amor de Dios y en su misericordia, termino siendo un dictador que se la pasa dando órdenes. Oro porque solamente viva delante de mi Dios, y le entregue a él todo de mí, sin buscar nada a cambio para mí. Oro porque pueda ser un buen pastor para las ovejas y un buen líder en el Centro para servir la obra de Dios.

Cuando Judas vio esto, le quedó claro una cosa: Jesús no establecería un reino mesiánico, por lo que no tendría él parte en el gabinete de Jesús, pues Jesús no tendría gabinete. Entonces fue ante los sacerdotes y ofreció entregar a Jesús. Todos los discípulos tenían problema para enfrentar la muerte de Jesús. Pedro quiso reconvenir a Jesús y fue severamente regañado por Jesús. Los hermanos Jacobo y Juan también quisieron adelantarse a pedir la izquierda y la derecha del trono de Jesús, pero también fueron rechazados. Judas no había hecho algo destacado, pero en su corazón también guardaba ésos deseos. Pero mientras los otros discípulos lucharon contra sus propias ideas y sus propios deseos para hacer las cosas conforme a la palabra de Jesús, Judas no luchó. Por eso Satanás pudo entrar fácilmente en su corazón y ofreció entregar a Jesús. Nosotros debemos luchar contra las tentaciones de Satanás. El apóstol Pedro escribió exhortando a los cristianos, diciendo: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;” (1 P 5:8) Los chismes, las quejas, los rencores todos éstos hacen que se abra una puerta en nuestro corazón el cual Satanás aprovecha para entrar en nosotros, y si no lo desechamos rápidamente, vamos a ser presas de Satanás. Oro porque seamos los soldados de fe que luchan contra el poder de Satanás en todo momento, y quitemos de nuestro interior todas las cosas que son desagradables delante de Dios, y nos vistamos de su amor y de su gracia.

Después de esto, pasando ya dos días, era el día de la Pascua e iniciaba también la fiesta de los panes sin levadura. Entonces Jesús mandó a dos de sus discípulos a que prepararan un lugar para Jesús y los doce. Jesús les dio instrucciones claras de cómo sabrían donde preparar el lugar para la Pascua, y ellos dos hicieron todo conforme a lo que Jesús les mandó hacer.

Durante la cena, Jesús les dijo algo que fue desconcertante para todos. De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar.” (v.18) Todos los discípulos dudaron. Ninguno pudo decir: ‘Yo no. Ni tampoco se miraron unos a otros pensando que era el otro. Todos comenzaron a preguntarse si sería él mismo. Esto manifiesta que en todos existía la posibilidad de que en algún momento traicionaran a Jesús. Jesús sabía que Judas era quien le traicionaría, pero no le dijo expresamente. Jesús quería que cada quien reflexionaran, oraran y se arrepintieran si había en ellos éste sentir. Pero especialmente de Judas esperaba que esto entrara en su corazón y se arrepintiera cuando todavía tenía tiempo. Por eso Jesús les advierte, en los versículos 20 y 21, que Jesús será entregado conforme a las escrituras, pero pobre de aquel hombre por quien Jesús es entregado.

Luego, Jesús tomó el pan y lo bendijo. Y repartiéndolo, les dijo: “Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, también les repartió del vino, y todos tomaron. Entonces Jesús les dijo: “Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.” (v.24) Éste nuevo pacto se refería al nuevo pacto del que habló Dios al pueblo de Israel mediante su siervo Jeremías: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. (Jer. 31:31-34) Dios había establecido un pacto entre Israel y Dios. Ellos guardarían los mandamientos, estatutos y ordenanzas de Dios, y Dios haría de ellos una nación fuerte, un reino de sacerdotes y gente santa para todas las naciones del mundo. Sin embargo, el pueblo de Israel había roto éste pacto con Dios, por lo que Dios tampoco tenía responsabilidad sobre de ellos. Pero Dios amó a su pueblo, y amó a los hombres. En aquel tiempo ellos habían roto el pacto con Dios, pero Dios les promete que establecerá un nuevo pacto entre Dios y los hombres. Éste pacto sería que sus palabras no estarían en piedras o madera, sino en el corazón de los hombres, y que en aquellos días del nuevo pacto, Dios va a perdonar la maldad de los hombres, y no se acordará más de sus pecados. Éste pacto se cumple a través de Jesús. A través de su muerte en la cruz, nosotros somos limpios de nuestros pecados, hasta quedar blancos como la nieve. Como Jesús cargó con nuestro pecado, también Dios olvida que pecados cuando nos arrepentimos. Por eso nosotros podemos estar diariamente delante de Jesús, y dar gloria a su nombre en todas las cosas, porque él nos recibe como si nunca hubiera pasado nada, gracias a la misericordia y la gracia del perdón de nuestro Señor Jesucristo.

Jesús les enseñó a sus discípulos el verdadero significado de de la pascua. Antes los hombres debían matar a los animales para ser perdonados de sus pecados. Pero éste animal servía solamente una vez. Era una ofrenda simbólica, pero no perfecta. Pero Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Él no tiene pecado ni manchas. Él es perfecto, santo y puro, por lo que su muerte en la cruz nos limpia de nuestro pecado para siempre. Solamente en la sangre de Jesús los hombres pueden tener perdón y pueden acercarse a Dios nuevamente.

Oro porque nos gocemos en la sangre del nuevo pacto y gocemos de una comunión diaria con Dios. Oro porque prediquemos éste evangelio del perdón de pecados, ésta sangre del nuevo pacto, y los jóvenes universitarios puedan cambiar sus corazones. Oro porque a través de predicar éste evangelio, pronto sea establecido el reino de Dios entre nosotros. Por eso, primeramente oremos por el CUAAD, y por ésta obra en Guadalajara, para que de aquí salgan los siervos de Dios hacia todas las naciones del mundo.

Una palabra: Tenemos un nuevo pacto con Dios a través de Jesús.

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