Sunday, October 4, 2009

LOS QUE TEMEN MI NOMBRE

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LOS QUE TEMEN MI NOMBRE
PALABRA/ MALAQUÍAS 3:13-4:6
V. CLAVE/ MALAQUÍAS 4:2
Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.
Esta palabra es el cierre de un círculo.  Es la conclusión del libro de Malaquías, el libro de los profetas y el Antiguo Testamento.  A través de esto Dios invita a su pueblo a arrepentirse y a vivir una vida de bendición que Dios da.  Oro porque conforme a ésta palabra pueda vivir delante de Dios y sea un hombre que viva temiendo a Dios.  Oro porque pueda servir a otros para que también vivan temiendo a Dios y podamos regocijarnos juntos.
De los versículos 13 al 18 del capítulo 3, el profeta escribe las palabras que dio Dios a su pueblo porque ellos habían hablado contra Dios usando palabras violentas.  Ellos habían esperado que la gloria de Dios se manifestara en Israel después de haber terminado de construir el Templo de Dios y los muros de la ciudad de Jerusalén.  Pero habían pasado ya cien años y nada pasaba.  Mientras ellos se encontraban en la misma situación desesperante como un pueblo emergente de las cenizas, los pueblos de alrededor prosperaban.  Mientras que los que vivían guardando las leyes de Dios parecían estancados, los perversos que hacían trampas y engaños parecían prosperar.  Entonces Israel dijo: “Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos en presencia de Jehová de los ejércitos?  Decimos, pues, ahora: Bienaventurados son los soberbios, y los que hacen impiedad no sólo son prosperados, sino que tentaron a Dios y escaparon.” (v. 14, 15)  A sus ojos les parecía que de nada servía estar afligidos en presencia de Dios, y más bien eran bienaventurados los malos porque, decían ellos, tentaron a Dios y escaparon.
Pero Dios les dice, en los versículos 16 y 17, que hay quienes temieron a Dios y pensaron en su nombre.  Estos hombres no vivieron esperando la gloria del mundo o las riquezas, sino que ellos esperaron en Dios.  Dice Hebreos 11:1: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Y también el versículo 6: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”  Ellos tuvieron convicción en Dios invisible, y que Dios mismo es su galardón.  Dios les promete a ellos que escribirá sus nombres en el libro de memoria para que sus nombres queden para siempre, y que les guardará como su especial tesoro.
Y en el versículo 18 les dice a todo su pueblo, que el día que él actúe, todos sabrán la diferencia entre los justos y los malos, los que sirvieron a Dios y los que no. Dios es Dios de justicia y no va a dejar pasar de largo el pecado.  Dios guarda a sus siervos fielmente hasta el final.
Nuestro siglo es un siglo muy parecido a aquel en el que sirvió el profeta Malaquías.  Los hombres miran y ven que los malos prosperan, pero los siervos de Dios perecen.  Los hombres quieren las bendiciones, pero están cegados por los deseos del mundo y por la tentación de Satanás, por lo que no pueden ver las verdaderas bendiciones que da Dios a sus siervos.  Como dice en Hebreos 11, Dios es el galardón para los que le buscan.  ¿Qué mayor recompensa puede haber que el simple hecho de poder servir a Dios y estar en su presencia?  Nosotros somos solamente creación, pero él es el Creador.  Pero por si esto no  fuera suficiente, nosotros merecíamos ser destruidos por nuestros pecados, pero Dios nos perdonó y nos da permiso para que podamos entrar en el reino de Dios.  Y si esto aún pareciera insuficiente por no ser algo tangible, Dios también da la bendición material.  A Israel los sacó de la tierra de Egipto, de su esclavitud, a una tierra que fluye leche y mil y donde podían servir a Dios con libertad.  Cuando David se humilló delante de Dios y vivió conforme al corazón de Dios, Israel gozó de grandes riquezas y poder sobre otras naciones.  Cuando Salomón también se entregó totalmente a Dios para servir a su pueblo, Dios le dijo que le daría riquezas y poder.
Claro que las riquezas y el poder no son el fin de un cristiano.  El galardón de un siervo de Dios es Dios mismo.  Dice Hebreos 11:24-26: “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.”  Moisés entendió esto.  Su galardón era Dios.  Por eso él pudo negarse a sí mismo y a la vida de placeres mundanales en que vivía para servir a Dios.
Dios se agrada de ésta clase de hombres.  Los que solamente buscan a Dios porque su deleite está en Dios.  Mientras estudiaba la Biblia en el TEC con un muchacho cristiano, me conmovió mucho su corazón de dolor hacia los hombres del mundo.  Me decía que le dolía ver que toda la gente de su alrededor perecería si no les predicaba la palabra.  Estudió conmigo la Biblia porque tenía muchas confusiones sobre lo que debía de hacer ahora y lo que haría después, me manifestó su deseo de conocer correcta y concretamente la voluntad de Dios sobre su vida.  Pero mientras estudiaba con él, me pregunté: ‘¿Tengo yo éste dolor por los hombres del mundo?  ¿Siendo dolor de saber que si no les predico la palabra, van a perecer?’  Y hubo la parte de mí que me lamenté mucho porque reconocí que no tenía ese dolor profundo por el sufrimiento de los hombres por su pecado.  Me decía: ‘Mi trabajo es predicar.  Allá ellos sabrán si me hacen caso o no.’  Pero entonces surgió otra duda: ‘¿Por qué predico?’  Y esto fue todavía más difícil de describir.  La respuesta rápida y simple era: ‘Porque soy pastor y es mi trabajo.’  Pero en esa respuesta no manifiesta ningún amor a Dios ni hacia las ovejas.  Me dio mucha tristeza reconocer que no he tenido un verdadero amor hacia la obra de Dios y un dolor hacia las ovejas, sino que todo era solamente un trabajo.  Hace unas semanas que los directores leímos nuestro Sogam en la reunión general.  Ese día M. Timoteo dijo que aunque trabajaba mucho me faltaba amor a Dios.  Desde ése día me preguntaba qué es amar a Dios.  Me decía en mí mismo que amaba a Dios, por eso había abandonado mi deseo de estudiar lo que yo quería estudiar, por eso me quedé en Guadalajara, hice decisión de casarme por la fe, me he desvelado y he ayunado para servir las conferencias.  ¿No muestra todo eso mi amor por Dios?  Pero la realidad de las cosas es que no he amado a Dios.
Una cosa es trabajar mucho hasta el cansancio y otra cosa muy diferente es amar a Dios.  Yo traté de trabajar mucho y, aunque nunca busqué ser reconocido por ello, amé decirme a mí mismo que había trabajado mucho.  Mi corazón muchas veces se envaneció al pensar que mi fraternidad era la que más ovejas tenía o más estudios daba o etc.  Oro porque verdaderamente sea un amante de Dios y sea un imitador de Cristo.  Oro porque en mi pensamiento haya solamente la palabra de Dios y que en mi interior haya un temor santo a Dios.  Oro porque no busque mi propia satisfacción o mi deleite, sino que mi deseo sea glorificar a Dios y que sea manifestado su nombre entre los hombres.  También oro por tener un dolor profundo y verdadero por servir a las ovejas.  Oro por tener una lucha contra mi propio ser para participar en la oración de la madrugada para que desde la mañana glorifique a Dios y prepare mi corazón para servir su obra.  Y oro porque lea diez capítulos de la Biblia diariamente para que en mi corazón sean gravadas las palabras de vida de mi Señor y en mi pensamiento haya solamente la palabra de mi Señor.
El capítulo 4 es la promesa para los que creen y la maldición para los que no creen en Dios.  Los que no creen en Dios, el día que venga Jesús será como un día ardiente ellos serán quemados como estopa.  En cambio, para aquellos que aman a Dios, Jesús será su Sol de justicia y extenderá en ellos sus alas de salvación.  Ese día los que temen al Señor nos regocijaremos y saldremos y saltaremos como los becerros.
Oro porque viva con temor a Dios todos los días.  Y oro también porque ame a Dios y a su palabra.  Oro porque viva con la esperanza en el galardón que es Dios, y en éste mundo viva manifestando la gloria de mi Señor.  Oro porque sirva a las ovejas de campos con un corazón dolido por causa de sus pecados.  Oro por ser un buen siervo de Dios que espere el día en que él se manifieste a nosotros y que podamos regocijarnos todos juntos ante su presencia.

Una palabra: Amar a Dios.

Saturday, October 3, 2009

Vendrá el ángel del pacto

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VENDRÁ EL ÁNGEL DEL PACTO

PALABRA/ MALAQUÍAS 3:1-12

V. CLAVE/ MALAQUÍAS 3:1

He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.

Israel esperaba ser recompensada por todo el trabajo que había hecho. Ellos habían trabajado duro para reconstruir el templo de Dios y los muros de la ciudad. Enfrentaron todo tipo de tribulaciones por parte de los enemigos que los atacaban y se burlaban de ellos. Pero no habían visto que se cumpliera ninguna promesa de Dios. Ellos esperaban que la gloria de Dios se manifestara en el templo y entre el pueblo. Tal vez como lo hizo en el tiempo de Salmón llenando el templo con su nube, o cualquier otro tipo de manifestación. Pero todavía más que eso, ellos esperaban que la gloria de Dios se manifestara a través de hacer de Israel un país fuerte como lo fue en los tiempos de David y Salomón, que recibían tributos de los pueblos. Ellos esperaron y esperaron, pero no vieron nada. Finalmente se cansaron de esperar y dijeron: Cualquiera que hace mal agrada a Jehová, y en los tales se complace; o si no, ¿dónde está el Dios de justicia?” (2:17)

Dios les había dicho que se había cansado de ellos que decían esto. Por eso les dice: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (1) Primero, Dios les habla del mensajero que enviará. Dios había prometido que enviaría a la voz del que clama en el desierto (Is. 40:3) para preparar el camino del Señor. Segundo, dijo que enviará al ángel del pacto. Éste ángel del pacto se refiere a Jesús. Dios había prometido desde que el hombre pecó que enviaría a un redentor para quebrar el poder de Satanás y salvar a los hombres. Y la promesa del Mesías es el mensaje de promesa de todo el Antiguo Testamento, el cual fue cumplido en el Nuevo Testamento a través del nacimiento de Jesús. Pero dijo que éste ángel del pacto vendría súbitamente. Súbitamente quiere decir que sería cuando nadie lo espere. Esto fue cumplido tal cual como Dios lo había dicho, pues Jesús llegó en una fría noche en Belén, y nació en un pesebre. Nadie supo sobre su nacimiento más que unos pastores que fueron avisados por ángeles. Pero el pueblo todo pasó la noche sin notar que había nacido el Rey de reyes y el Señor de señores.

Pero, ¿qué iba a hacer éste ángel del pacto? Dice el versículo 2: “Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. El propósito era limpiar a los hombres. ¿Cómo? Como fuego purificador. Para purificar el oro o la plata debe pasar por un proceso muy agresivo. Por puntos de fusión, el mineral extraído de las minas debe pasar por un horno. Primero a cierta temperatura para que escapen todos los gases. Luego más caliente para que se derritan todas las impurezas. Se desecha la escoria, y se vuelve a calentar a mayor temperatura. Así sucesivamente hasta obtener el oro puro o plata pura. También lo compara con jabón de lavadores. Aunque en nuestro tiempo existen muchos tipos de jabones y detergentes para limpiar cualquier tipo de suciedad en la ropa, en los tiempos antiguos no tenían éstas técnicas. Se utilizaban diferentes tipos de químicos naturales agresivos. Por eso la gente terminaba con las manos muy maltratadas. También era un proceso muy cansado, pues había que enjuagar y lavar varias veces para poder desmanchar bien.

Así, Jesús viene para purificar nuestra fe. Pero para lograr esto, hay que pasar por un proceso agresivo y cansado. Así como el fuego o como el proceso de lavado, hay que pasar por fuego una y otra vez hasta quitar toda la escoria, y tallar y remojar varias veces hasta quitar todas las manchas. Por eso es que la vida de fe muchas veces parece tan difícil. Pero si aguantamos, diremos como Job: “Mas él conoce mi camino; Me probará, y saldré como oro.” (Job 23:10)

Cuando Jesús limpia a los hombres entonces produce un resultado en sus vidas. Dicen los versículos 3 y 4: “…y traerán a Jehová ofrenda en justicia. Y será grata a Jehová la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, y como en los años antiguos. Cuando somos limpiados de nuestros pecados, naturalmente traemos las ofrendas agradables a Dios. Israel había pensado que todo lo había hecho bien. Que ellos habían guardado toda la ley y habían guardado todos los días que Dios les había mandado. Ellos pensaron que entregaban las ofrendas agradables a Dios. Pero lo que ellos habían ofrecido eran ganado enfermo, ciego y cojo, que ni ellos mismos comerían; y mucho menos pensar en entregar ese tipo de ganado para sus reyes y príncipes. Pero cuando venga el ángel del pacto, limpiaría a su pueblo y le haría un pueblo que quiere agradar a Dios.

El pueblo quería riquezas y poder. Dios en realidad estaba dispuesto a dárselo a su pueblo. Sin embargo, antes de éstas cosas, Dios quería que su pueblo tuviera una relación personal con Dios. Dios quiere que nos entreguemos a nosotros mismos como una ofrenda viva, santa, agradable a Dios. Sin querernos sacrificar y sin querer entregar todo a Dios, no podemos tener una relación personal con Dios, porque siempre van a estorbar aquellas cosas que hay a nuestro alrededor, aquellas cosas que anhelamos y deseamos. También, debemos estar advertidos de que Dios va a juzgar el pecado. A Dios no le agrada el pecado, y no va pasar de largo el pecado. Aunque engañemos a los hombres, no podemos engañar a Dios. Así, debemos ser fieles a Dios. Buscarle a él y vivir delante de él.

A través de ésta palabra, oro para que viva delante de Dios. A veces me engaño a mí mismo diciendo que he hecho muchas cosas que no hice. Como a veces llegué a contar entre mis Panes Diarios uno o dos que no había terminado de escribir, contándolo como hecho en su totalidad. O con mi lectura diaria de la Biblia también llegué a pasarme algunos pasajes que consideraba aburridos diciéndome a mí mimo que ya los había leído varias veces anteriormente. De todos modos, ¿quién me iba a cuestionar lo que hice o dejé de hacer? Pero éste es como la ofrenda de animales impuros que los israelitas entregaron a Dios. Porque lo hicieron por hacer, pero no dieron todo de lo mejor que tenían. Oro porque sea un hombre fiel, diligente y esforzado para agradar a Dios y hacer todas las cosas conforme a lo que a él agrada. Oro por no hacer transacción en las cosas para no hacerlas completamente bien para Dios, solamente fijándome en lo que otros puedan pensar o decir. Oro porque viva con sinceridad, delante de Dios.

De los versículos del 6 al 12, Dios les enfatiza entregar el diezmo a Dios. Dios les dice en el versículo 6 que no fueron consumidos por que él es fiel a sus promesas y él no cambia. Dios les dice en el versículo 7 que vuelvan a él. Dios siempre espera que nosotros volvamos a él. Como el padre de la parábola del hijo pródigo, ésta siempre esperando nuestro regreso. Dios no cambia, pero los hombres sí. Pero Israel otra vez preguntó a Dios: “¿En qué hemos de volvernos?” (7) Entonces Dios les dijo una cosa clara, sencilla y visible: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.” (8, 9) Dios no tuvo que exponerles una lista de cosas que no había hecho el pueblo. No les habló de por qué o cómo se habían separado de él. Solamente les mencionó del diezmo. ¿Por qué el diezmo? El diezmo es la mostrar que dependemos en Dios y confiamos en él para todas nuestras necesidades. Es entregarle a Dios lo que es de Dios. El diezmo no es una muestra de agradecimiento a Dios por las cosas que nos permite, sino que es darle su parte a Dios. En realidad el cien por ciento de las cosas que tenemos le pertenecen a Dios, por lo que es nuestra responsabilidad administrar bien y correctamente todas éstas cosas. Sin embargo, Dios solamente nos requirió el diez por ciento. No dar el diezmo es negarle a Dios lo que es de Dios. Es como si uno rentara una casa y no pagara la renta. O si una empresa no les pagara a sus trabajadores su salario. En otras palabras, es robar. Por eso Dios dice: ‘Me habéis robado. Y enfatiza esto diciéndolo dos veces.

La filosofía de la vida del cristiano debe ser como dice en Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Nosotros debemos creer y confiar en que Dios es quien nos guarda y nos sustenta. Debemos confiar en que Dios da según las necesidades de cada uno sabiendo cuáles son estas necesidades. Por eso debemos dejar a un lado nuestra dependencia en las cosas materiales y buscar primero el reino de Dios y su justicia. Por eso les dijo Dios en el versículo 10: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Dios les dice que lo pongan a prueba. Pero no es una manera de si quieren creerme háganlo, sino que es una orden de que prueben y vean si es cierto o no. Si llevamos el diezmo a Dios, ciertamente él nos dará hasta sobreabundar.

Cuando estaba en la secundaria, había un monopolio de la tiendita de la escuela. Pero esa tiendita era manejada por los estudiantes. Cada año la directora le encargaba a un estudiante del tercer año de secundara que ella considerara responsable para que se encargara de la tiendita. La condición era que cada semana había que entregar un reporte de ventas y entregar el diez por cierto de las ventas, pues siendo una escuela cristiana, requería que entregaran el diezmo para la iglesia. Así, cuando estuve en tercero me tocó servir la tiendita de la escuela. En ese tiempo aprendí a dar el diezmo. Pero como yo participaba a demás en otra iglesia, también me propuse entregar el diezmo para el Centro. Así, de cada cien pesos que ganaba, entregaba diez pesos a la iglesia de la escuela y otros diez pesos a centro. Aún entregando el veinte por ciento, pude ver que en realidad quedaba dinero suficiente para cubrir los gastos de la tiendita y para mí también. Pero luego, cuando estuve en la preparatoria, olvidé qué es el diezmo. Sentía que tenía necesidades. Tenía que pagar el transporte público, debía comprar materiales para la escuela, y debía comprar mis alimentos. Cuando salía con alguna novia, era todavía peor, porque mis gastos se duplicaban. Dios me soportó, y casi tres años más tarde, luego de ser establecido discípulo, estudiamos ésta palabra de Malaquías 3. Desde ése día, me arrepentí por haberle robado a Dios, y la ofrenda de Misión Mundial es una de las cosas que procuro guardar con más celo.

Pero estudiando ésta palabra, me decía a mí mismo: ‘La primera parte, del arrepentimiento y vivir delante de Dios, está bien. Pero ésta segunda parte, ¿y yo qué? Yo he guardado con celo la ofrenda. Es más, doy más que eso porque gasto mucho por el Centro. Le compro la cena a los colaboradores que se quedan hasta muy noche preparando mensaje o cualquier cosa de las actividades. Materiales del Centro, tampoco lo cobro a Misión Mundial, sino que lo pongo de mi cartera. Yo sí he guardado ésta palabra.’ Pero también, meditando más profundamente ésta palabra el diezmo que he dado es solamente sobre lo material. Pero todavía falta mi diezmo de mi tiempo y de mis actividades. Guardar con celo la oración de la madrugada, escribir con fidelidad el Pan Diario y el Sogam, leer la Biblia, y salir a pescar son poco tiempo que uno puede entregar a Dios y debe entregar a Dios, porque él lo merece. Oro porque pueda ser fiel en dar el diezmo de todo: de mi material, de mi tiempo, de mi juventud. Y que así viva reconociendo que Dios es el Señor y Rey sobre toda mi vida y que yo solamente le debo servir a él.

Doy gracias a Dios porque Dios vio con agrado el esfuerzo de la fraternidad por cumplir los estudios uno a uno. Todos, conforme a su tiempo, poco o mucho que tuviera, entregamos a Dios un tiempo para dedicar en servir su obra. Con ello también Dios nos hizo sobrepasar nuestra meta hasta duplicarla. Pero ahora oro porque no sea cosa de una sola vez, sino que sea éste un hábito de la fraternidad y entreguemos a Dios el tiempo para la pesca, la oración y la meditación de su palabra. Oro que así siempre cumplamos con nuestras metas de pesca y de participante en el culto y conferencia.

Una palabra: Vivir para Dios delante de Dios.

GUARDAD EN VUESTRO ESPÍRITU

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GUARDADEN VUESTRO ESPÍRITU

PALABRA/ MALAQUÍAS 2:1-17

V. CLAVE/ MALAQUÍAS 2:7

Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos.

Esta palabra es el mandamiento de Dios a que sus siervos renueven el pacto con Dios y estén dispuestos a vivir conforme a su palabra de verdad. Oro porque conforme a ésta palabra, pueda verme a mí mismo y pueda guardar las palabras de Dios en mi corazón. Oro porque de mi boca solamente salgan las palabras que edifiquen a los hombres y den gloria a Dios.

De los versículos del 1 al 9, Dios da advertencia a los sacerdotes. Les amenaza con que los va a tratar como estiércol y los va a desechar de su pueblo. Dios les advierte que aún a sus generaciones serán castigadas si ellos no oyen a la advertencia que Dios les hace. Pero, ¿qué es lo que debían de hacer? Dice el versículo 2: “Si no oyereis, y si no decidís de corazón dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos… Lo que debe hacer un siervo de Dios es oír la voz de Dios y decidir en su corazón dar gloria al nombre de Dios. Los sacerdotes de aquel tiempo habían olvidado éste principio de los siervos de Dios. En el capítulo uno Dios les manifestó su enojo por haberle entregado las ofrendas de animales imperfectos. Dios les regañó porque los sacerdotes no entregarían esos animales a los reyes y los príncipes del mundo, pero a Dios Santo le entregaban ese tipo de ofrenda. También, ellos dejaron de guardar las leyes correctamente. Ellos hicieron tropezar a muchos y habían corrompido el pacto que había hecho con Leví. Así, Dios les desecharía por éstas cosas.

El pacto que hizo Dios con Leví, dicen los versículos 5 y 6: “Mi pacto con él fue de vida y de paz, las cuales cosas yo le di para que me temiera; y tuvo temor de mí, y delante de mi nombre estuvo humillado. La ley de verdad estuvo en su boca, e iniquidad no fue hallada en sus labios; en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad. Los levitas, o sea los sacerdotes, debían estar humillados delante de Dios, y debían de temer a Dios. En ellos debía estar la ley de Dios y no debían hablar ninguna palabra de iniquidad. Y dice especialmente que ‘en paz y en justicia anduvieron con Dios, y a muchos hicieron apartarse de la iniquidad.’ Y finalmente dice el versículo 7: “Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos. El sacerdote, el siervo de Dios, es mensajero de Dios. Lo que dice y lo que hace deben ser dignos de un mensajero de Dios.

Cuando estaba en la universidad, un profesor de los que más respeto, el primer día de clases se presentó diciendo: ‘Hola, me llamo Martín Sincel, y me gusta que me digan Martín. No me gusta que me digan profesor ni ingeniero ni maestro. Maestro, porque no estudié ninguna maestría. E ingeniero o profesor porque antes de ser ingeniero o profesor, yo soy Martín. Sólo hay dos maneras que me gusta que me digan más que Martín: Mi amor, pero eso sólo mi esposa me puede llamar así; y papi, pero sólo mis hijas me pueden llamar así. Para todos ustedes soy Marín.’ En esa presentación que dio Martín me hizo pensar una cosa muy seriamente. En medio de la presentación de microprocesadores y la introducción a la arquitectura Motorola 68000 y la Intel 8086, estuve pensando: ¿Quién soy yo? Y no desde un aspecto filosófico como el que se hacía Sócrates cuando dijo: ‘Gnoithi Sauton, Conócete a ti mismo.’ Sino que pensaba en que Martín tenía bien definido que él era primero Martín, antes que profesor o ingeniero, a pesar de ser un ingeniero exitoso que trabajaba para Motorola en diseño de sistemas y era también el director de la carrera en Electrónica en el ITESO. Durante esa clase estuve pensando: ‘¿Soy yo un ingeniero? ¿Músico? ¿John? O…. Ah, si… ¿Pastor?’ Y cuando me di cuenta de que pastor había sido lo último en lo que había pensado era mi identidad como pastor. Desde entonces siempre me decía a mí mismo: ‘Primero soy pastor, soy un siervo de Dios. Después puedo ser lo quiera, pero primero pastor.’ Tal vez mi vida no sea muy ejemplar por los muchos pecados que he cometido en el pasado. Tal vez muchas veces se me olvidó que primero era pastor. Pero siempre he tratado de recordar que primero soy pastor para las ovejas. Que antes de ser ingeniero, músico, director de orquesta, hijo de M. Timoteo, primero soy un siervo de Dios.

Ésta palabra me hace recordar el principio del siervo de Dios y el pacto que ha hecho con nosotros. Dios nos promete que nos dará vida y paz. Pero por otro lado, como siervos de Dios, debemos obedecer a la palabra de y debemos glorificarle. De nuestra boca deben salir las palabras edificantes para que muchos salgan de su iniquidad. El apóstol Pablo dijo en Efesios 4 que no demos cabida al Diablo en nuestras vidas, y exhorta en el versículo 29: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

Oro que mi hablar y mi actuar sean para dar gloria a Dios y para edificar a los demás. Reconozco que soy muy impulsivo, y muchas veces he herido a muchos aunque esa no sea mi intención, por no cuidar bien el qué digo y cómo lo digo. También muchos comportamientos míos parecieran no muy diferentes a los hombres del mundo, lo que ha causado disgusto en unos y confusión en otros. Mi corazón y mi mente están en querer servir a Dios, pero por no ser estricto y disciplinado conmigo mismo, he dejado escapar también muchas malas actitudes mías. Lo que forma a un siervo de Dios como un verdadero siervo de Dios es su amor a la palabra y su dedicación a la palabra. Cuando me di cuenta que llevaba mucho sin escribir un Sogam meditando en la palabra profundamente y que había dejado a un lado la lectura de la Biblia, pensé mucho en cómo le podría hacer para poder fortalecerme y poder regresar a la escritura del Sogam y a la lectura de la Biblia. Por eso, platicando con P. Christian, se me ocurrió proponerle que formáramos un tipo club donde pudiéramos hacer eso. Así podríamos ser fortalecidos unos con otros para realizar estas cosas que son necesarias en la vida de fe y son buenas para el crecimiento espiritual. Doy gracias a Dios que varios colaboradores respondieron positivamente a la invitación a formar el Club de Job. Oro porque a través de esto pueda primeramente crecer yo espiritualmente para servir la obra de Dios, y también pueda ayudar a otros a que crezcamos para ser líderes espirituales para éste siglo. Oro que así pueda escribir sin falta el Sogam cada semana, y que pueda leer diez capítulos de la Biblia cada día para que en mi mente y en mi corazón estén solamente la palabra de Dios. Oro porque así, de mí salgan solamente las palabras que alaban a Dios y edifican a otros. Oro porque sea obediente a la palabra de Dios y sea humilde delante de él.

En éste tiempo queremos servir los campos universitarios del CUCEA y del CUCS. Muchas veces pensé en si no sería muy ambicioso servir dos centros universitarios, si apenas y podemos servir uno. Pero a través de tomar la decisión de servir a los dos centros universitarios, también hice la decisión de orar más para que Dios nos dé el doble de fuerza a la Fraternidad de Valientes para que podamos lograrlo. Oro porque cumplamos nuestra meta de 30 estudios uno a uno cada semana, comenzando por cumplir con 20 estudios hasta antes de la Conferencia de Otoño. También oro porque hasta antes de la Conferencia de Otoño podamos ser 15 participantes al culto dominical de nuestra fraternidad, y antes que termine el año podamos ser 20 participantes. Sé que todas estas metas son metas alcanzables. Sólo que cada miembro tenga el corazón, la diligencia y la lucha espiritual para lograrlo. Por eso oro que pueda servir bien a cada miembro para que podamos cumplir juntos ésta meta.

Una palabra: El siervo de Dios es mensajero de Dios.