Saturday, January 10, 2009

Para ganar a Cristo

Para ganar a Cristo

Palabra / Filipenses 3:1-21

Versículo Clave / Filipenses 3:8

Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,

Pablo exhorta en ésta palabra a que ganemos a Cristo. Jesús también enseñó, diciendo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.” (Mt. 16:24) El camino para ganar al Cristo es éste, dejar todo para seguir a Jesús. Tomar todo como pérdida, y preferir a Cristo. Oro porque pueda ser un siervo que ame a Jesús y pueda seguir proseguir la carrera hasta alcanzar al Cristo. Oro porque pueda ser buen pastor para las ovejas dando los ejemplos de fe.

Primeramente Pablo les dice a los santos filipenses que se guarden de aquellos que quieren desviarles de la fe verdadera. Los perros, los malos obreros y los mutiladores de la carne son aquellos que enseñan una idea desviada de la palabra de Dios. Ellos insisten en que deben confiar en la carne. Pero los verdaderos circuncisos son los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús. La verdadera circuncisión no es el de la carne, sino el del corazón, que desprendemos de nosotros nuestros deseos y formas de ser pecaminosos, aunque realmente duela hacerlos. El apóstol Pablo tenía muchas cosas de qué gloriarse: “circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.” (v.5, 6) Desde que nació, él era del pueblo de Dios y de la tribu que más se podía jactar por su pureza. En su vida se esforzó hasta poder reconocerse como irreprensible. Pero dice: “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,” (v.8) Si alguien podía jactarse por la carne, era Pablo. Él más que cualquier otro judío que pudiera estar con él. Pero Pablo no se jactó de ello, sino tomó todo eso como pérdida. ¿Por qué? Porque para él era más excelente el conocimiento de Cristo Jesús. Él tomó por basura todo lo que había tenido, para ganara a Cristo.

Los conocimientos del mundo y las cosas del mundo son muy atractivos. Pero solamente pueden satisfacer un momento. Por eso la gente se esfuerza mucho en poder adquirirlos más y más, pero terminan malgastando su esfuerzo y su tiempo que siempre lo consideran muy precioso. Al final, deja muchos lamentos, sentimientos de vacío, e incluso remordimientos. Pero en Cristo llegamos a tener todo lo que nuestro corazón desea y ansía. Cuando no le conocíamos, buscábamos otras cosas porque no lo sabíamos. Pero ahora que le conocemos, sabemos que él es el único que vale la pena, y que realmente vale la pena dejar todo por seguirle.

Pero, ¿hasta dónde hay que seguirle? Dice el versículo 10 y 11: “A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. Pablo quiso conocer a Jesús y experimentarle hasta participar en sus padecimientos, morir y resucitar. Por lo general los cristianos quieren recibir muchas bendiciones de Dios y participar en la buena vida. Pero cuando comienzan los padecimientos y las persecuciones, comienzan a temer. En ese momento cruzan por la mente tantos placeres que antes tenían y extrañan su vida en el mundo, las cosas del mundo y sus amigos del mundo. Finalmente, si llegan a un punto donde peligren sus vidas, entonces quieren abandonar la fe. La excelencia de Pablo fue ésta, que él quiso participar con Jesús en sus padecimientos y su muerte hasta experimentar la resurrección, y no estar satisfecho con lo que había hecho, sino olvidar las cosas hechas y seguir corriendo su carrera hasta alcanzar la menta. Por eso en los versículos siguientes exhorta a que prosigan la meta, hasta alcanzar el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús, así como él lo está haciendo.

Aunque nací en una familia cristiana, cuando era más joven tenía mis propias ambiciones. Pensaba que para que valiera la pena la vida, se debía hacer algo tan grande como para que quede para siempre escrito en los libros de historia. Por eso desde chico tuve mucho interés por el conocimiento. Durante la primaria, la maestra de música no supo qué hacer conmigo porque yo ya sabía tocar la flauta dulce y leer las notas musicales, así que me decía que me saliera del salón. En ese tiempo que mis amigos estaban en la clase de música, yo estaba en la biblioteca leyendo libros. En la secundaria, iba cada sábado a la biblioteca del estado y leí casi todas las enciclopedias y muchos libros de literatura y aventura. En la preparatoria conocí el mundo digital, y conseguí el Encarta, el cual me pasaba horas leyendo artículos. Y luego descubrí el Internet y la Wikipedia. Pero estudiando la Biblia más profundamente, me di cuenta de que todos esos conocimientos no tienen ningún valor en la vida. Nada de eso me podía dar la salvación. Si mi nombre quedaba en los libros de historia junto con otros muchos científicos y artistas, ¿luego qué? De todos modos estaría muerto. Pero en Jesús encontré la vida eterna. Muchos piensan que los cristianos usamos la excusa de la vida eterna como una aspirina para escapar de los dolores de la realidad. Que solamente los fracasados en la vida son los que buscan a Dios como un calmante. Pero eso es porque ellos no han experimentado a Cristo.

Sin embargo, también tengo que arrepentirme, porque en un principio serví la obra de Dios con muchas ganas y con mucho esfuerzo, porque me sentía como con una gran deuda con mi Señor. Pero conforme pasó el tiempo, caí en auto-satisfacción. Pensando que siendo un pastor mayor ya había hecho muchas cosas, dejé poco a poco de servir en la obra, cumpliendo solamente con mis deberes dentro del Centro, pero no cumpliendo con mi Señor. Pensando que muchas veces me desvelaba preparando las cosas en del Centro, me justifiqué diciendo que estaba cansado y no participé en la oración de la madrugada. Diciendo que había muchas cosas qué hacer en el Centro, dejé poco a poco de ir a pescar.

Pablo había hecho muchas grandes cosas. Incluso de entre los apóstoles, pareciera que él era quien había hecho más cosas. Pero de ninguna de éstas cosas se jactó. En 1 Corintios 9, Pablo les recordó los derechos de los apóstoles, que como dice en la Biblia, los que trabajan en el templo tienen derecho de comer del templo, pero Pablo no lo hizo así. Él siempre sirvió en todo y a todos como si nada hubiera hecho.

Oro porque tenga un corazón humilde delante de mi Señor, y sirva su obra con corazón de deudor. Oro porque mi anhelo sea ganar al Cristo, por eso, olvidando lo que hice en el pasado, siempre corra hacia adelante hasta recibir la corona de gloria de da mi Señor y Dios. En éste nuevo año renové mis metas de cumplir 10 estudios uno a uno cada semana, leer 3 veces la Biblia en el año, escribir 7 panes diarios cada semana, y no faltar a la oración de la madrugada. Oro porque con diligencia corra ésta carrera para ganar a Cristo, y en éste año le entregue a mi Señor los frutos de su obra, tanto en mi interior formando un corazón de pastor y de líder como Pablo; como en mi exterior, estableciendo a los discípulos y sirviendo con fidelidad a los colaboradores y las actividades del Centro.

Una palabra: Amar la excelencia del conocimiento de Cristo y ganar a Cristo.

0 notes:

Post a Comment