Tuesday, February 24, 2009

La fe más grande y buena

LA FE MÁS GRANDE Y BUENA

PALABRA / LUCAS 8:40-56

V. CLAVE / LUCAS 8: 50

Oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente, y será salva.

En ésta palabra aparecen dos personajes diferentes, pero a través de ellos Jesús enseñó qué es la fe más grande y buena. Oro para que a través de ésta palabra aprenda a desafiar las situaciones creyendo en Jesús. Oro por vivir delante de Dios con fe en mi Señor. Oro porque pueda ser pastor para las ovejas para que ellas también puedan ir a Jesús por la fe.

Jesús regresaba de su viaje que había hecho con sus discípulos hacia el otro lado del lago. Cuando llegaron otra vez a la región de los judíos, una gran multitud esperaba a Jesús. Jesús había manifestado su amor por las personas por lo que incluso desafió a la autoridad de los fariseos para salvar a una persona. Hizo muchos milagros sanando a los enfermos y expulsando a los demonios. Incluso en Naín revivió a un joven que estaba muerto. Pero no solamente hizo las sanaciones físicas, sino que también sanó interiormente a los hombres. Jesús enseñó en el monte las bases de la vida cristiana, perdonó los pecados de una mujer que fue a él y derramó a sus pies todo lo que ella tenía, enseñó los misterios del reino de Dios, y aún cuando su madre y sus hermanos le buscaban, Jesús declaró que los que oyen la palabra de Dios y la hacen eran sus hermanos, hermanas, padre y madre.

Así, las personas tenían gran anhelo de estar con Jesús. Tenían necesidades físicas, y tenían hambre de la palabra de Dios. Pero en ésta ocasión, de entre la multitud apareció un hombre muy peculiar. Su nombre era Jairo. Dice el versículo 41 que él era un principal de la sinagoga. Sería un hombre que tenía gran reputación entre la sociedad. Como los principales de las sinagogas eran personas con muchas responsabilidades, no eran escogidos de buena fe, sino que debían ser personas que fueran reconocidos públicamente como personas responsables y capaces de hacer ese trabajo. Y siendo principal de la sinagoga, también habría adquirido muchas influencias. Pero también estaba siempre a la mirada de los fariseos. Por esta razón, siendo que los fariseos no querían aceptar a Jesús, para un principal de la sinagoga no le sería algo fácil poder ir a Jesús. Jairo, para poder ir a Jesús, tuvo que abandonar todo su orgullo, su prestigio, el reconocimiento, y poner en la cuerda floja su trabajo.

Entonces, ¿por qué Jairo iría a Jesús hasta postrarse ante él? No era porque fueran tiempos electorales y quisiera un hueso estando con Jesús. Si Jairo hubiera querido eso, llegaba tarde, porque Jesús ya había elegido a sus doce. Jairo tenía una hija única la cual estaba muriendo. Dice el versículo 42, que ella tenía como doce años. Apenas estaba en la flor de su vida y estaba muriendo. Escribiendo este Sogam recordé cuando di clases en una secundaria y cuando estuve prestando mi servicio en el Planetario. Los muchachos de alrededor de doce años tienen un gran potencial. Aprenden con mucha facilidad las cosas, desarrollan muchas habilidades, y son extremadamente creativos y curiosos. Desde ese tiempo pensé en que si se les enseña bien a esos muchachos, pueden llegar a hacer muchas cosas maravillosas. Pero la hija de Jairo no tendría la oportunidad de experimentar desarrollar su potencial. La casa de Jairo se quedaría sin las risas de esa niña que colmaba de gozo a sus padres y a los que estaban allí. Y Jairo se perdería de la oportunidad de discutir con su hija sobre lo que le convenía para su futuro y verla hacerse una mujer.

También, suponiendo la edad de Jairo que sería muy avanzada por la posición social que tenía, aunado a que sólo tenía una hija de doce años, no sería muy descabellado suponer que tenían dificultades para tener hijos. Esa hija única que tenía era todo para Jairo. Era la razón de su felicidad. Era su propósito para su futuro. Pero si ella moría, toda su vida se vendría abajo. El amor que le tenía a su hija movió el corazón de Jairo para que naciera en él la fe en Jesús. El amor por su hija y la fe en Jesús hicieron que él estuviera dispuesto a sacrificar todo.

Así Jesús aceptó ir con él a su casa. Pero en el camino una mujer fue el centro de atención. Dice el versículo 43 que ella había padecido de flujo de sangre durante 12 años, y había gastado todo lo que tenía en doctores, pero ninguno le había ayudado. Su aspecto sería muy pálido y estaría hecha huesos. Cuando las personas pierden sangre excesivamente, llegan a sufrir de anemia. Esto causa que no pueda procesar bien los alimentos, por consecuencia, llegan a tener muchos problemas de desnutrición. En conjunto provocan que el cuerpo completo se debilite y finalmente cause la muerte. Es impresionante que ésta mujer haya vivido tanto con ésta enfermedad. Pero al mismo tiempo, habría sido una tortura para ella.

Pero su problema no terminaba en su enfermedad física. En la sociedad judía, este tipo de enfermedad era considerado inmundo, y todo lo que ella tocara era considerado también inmunda. La gente no debía acercarse a ella ni tocar las cosas que ella había tocado si no querían contaminarse. Así, ella sentiría una gran soledad.

Si todo eso no fuera poco, también ella sentiría una gran decepción de los hombres. Ella había confiado en los doctores. Todos le habrían prometido que la sanarían, pero ninguno lo hizo. Ella había sido engañada por los hombres y se habían aprovechado de su situación para quitarle todo su material.

Con todos estos problemas, habría días en que ella se sentiría indigna de estar con Dios por su enfermedad. Pero otros días se quejaría contra Dios porque no la ayudaba. Y otra vez se odiaría a sí misma por quejarse contra Dios. Pero al oír de Jesús, ella recuperó su fuerza y su esperanza. Ella tuvo visión en Dios y creyó en que Jesús la podía sanar.

Sin embargo, ella tenía un problema. Debía enfrentar multitudes si quería ir ante Jesús. Pero su fe hizo poder resolver la dificultad. Ella creyó que no era necesario que Jesús hiciera algo para sanarla. Ella tuvo fe en que Jesús tenía suficiente poder como para que con tan sólo tocar su manto, podría curarla. Y con ésa fe fue a Jesús y tocó su manto.

Dice el versículo 44 que cuando ella tocó el borde del manto de Jesús, al instante se detuvo la fuente del flujo de su sangre. Cuando ella hizo las cosas por la fe, se hicieron las cosas conforme a su oración. Jesús sitió el poder que salió de él, por eso preguntó que quién le había tocado. A esta pregunta, a Pedro y los demás se les hizo una pregunta absurda, pues, como dice el versículo 42, la multitud oprimía a Jesús, y todavía preguntaba que quién le había tocado. Aunque muchos oprimían a Jesús, solamente cuando la mujer tocó a Jesús salió poder de él, porque ella le tocó con fe.

A través de ésta palabra aprendo que las obras sin fe, no es la obra de Dios. Para que surja la obra de Dios, debo hacer las cosas con fe en que Jesús tiene poder para hacer las cosas. A través del último movimiento de pesca que tuvimos no pude tener muchos resultados, por lo que sentía que solamente me estaba cansando al dar vueltas a CUCEA y a CUAAD. Aunque varios quisieron estudiar la Biblia en ese momento, no pude tener a las ovejas fieles que continuaran estudiando. Sin embargo, meditando en ésta palabra debo reconocer que en aquella ocasión hice las cosas con mi propio esfuerzo y mis propias fuerzas. Fueron muy pocas las veces que oré personalmente por el movimiento de pesca. Pasó un tiempo y Dios me permitió dos ovejas que yo no busqué, sino que él las envió a mí. Así pensé en que el esfuerzo humano cuenta de muy poco, sino la fe con la que se hacen las cosas. El esfuerzo humano cuenta cuando uno hace las cosas por la fe solamente. Oro para que éste movimiento de pesca sea un movimiento interior y exterior en mí, para orar personalmente una hora diariamente y para salir diariamente a pescar. Oro para que a través de esto Dios me permita a las ovejas fieles con quiénes pueda seguir estudiando la palabra.

Regresando a la mujer que fue sanada, sus planes eran simples: llegar por detrás, tocar el manto de Jesús, y escabullirse. Pero Jesús no la dejó. Él preguntó por ella hasta que ella confesó lo que había pasado. Jesús no quería que ella se fuera sin tener una relación personal con su salvador. Si así no fuera, ella viviría continuamente aquejada por haber robado del poder de Jesús. También, la sociedad no reconocería que ella fue realmente curada, sino que estaba escondiendo su enfermedad. Y ella viviría torturándose porque aunque físicamente estaba bien, se sentiría una mujer maldecida. Jesús quiso restablecer a ésta mujer en la sociedad y su relación con Dios. Jesús le dio más de lo que ella pidió. Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.” (v.48) Cuando ella escuchó las palabras de Jesús, su corazón se derretiría como chocolate en leche caliente. Ella había sido restablecida como hija de Dios, y Jesús le había dado la salvación y la paz.

Jesús da la salvación y la paz, y nos restablece como hijos de Dios cuando vamos a él y confesamos todo. Él nos da más de lo que nosotros esperamos. Nosotros solamente queremos que nuestros problemas inmediatos sean resueltos, pero Jesús nos ayuda a resolver los problemas que nos parecen invisibles en nuestro interior y los problemas futuros. Oro porque aprenda a escribir un Sogam profundo y sincero delante de Dios y reciba ésta paz y la salvación continuamente a lo largo de mi vida. Oro para que pueda ayudar a otros a poder entrar en el seno de mi Señor a través de escribir el Sogam.

Después de este evento, Jairo se sentiría muy ilusionado. Tendría prisa para que Jesús fuera a su casa y sanara a su hija. El poder de sanación que tenía Jesús no eran charlatanerías sino que era real. Él lo había visto con sus propios grandes y redondos ojitos judíos. Pero llegaron unas personas de su casa, diciendo: “Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro.” (v.49) Cuando oyó esto Jairo, se llenó de temor y de incredulidad. Pensaría: ‘Si tan sólo Jesús no hubiera perdido el tiempo con esa mujer. ¿Qué le costaba? Ya estaba sanada. Para qué tanta plática con ella.’ Mientras su hija estaba viva, Jairo creyó en el poder de Jesús. Pero por causa de la noticia de esos hombres, su fe decayó.

Las palabras negativas son muy peligrosas. Por eso es necesario tener cuidado en las conversaciones con los incrédulos, pues con facilidad siembran la duda sobre Jesús. Pero también hay que tener cuidado de los que tienen quejas y pensamientos negativos en la obra de Dios, pues con facilidad contamina a otros. Cuando se tiene un vaso de agua limpia, dos gotas de tinta china es suficiente para volverla negra. Pero hacer que esa agua negra regrese a ser transparente, requiere de muchos materiales costosos y un procedimiento complejo. Contaminar la fe pura de una persona es la cosa más sencilla del mundo. Si no tenemos cuidado, ser contaminados por los incrédulos y los pensamientos negativos es muy fácil.

A éste Jairo le dijo Jesús: “No temas; cree solamente, y será salva.” (v.50) Jesús le enseñó a Jairo el secreto de poder mantener la fe pura aún en la situación difícil: no temer y creer en Jesús. Jesús es Dios Creador. Es el único Dios Omnipotente. Dios le dijo a Abraham: “¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” (Gn. 18:14) Y a un hombre que era “ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.” (Hb. 11:12) El ángel Gabriel, cuando María tuvo duda de si una mujer virgen podría tener un hijo, le dijo: “…porque nada hay imposible para Dios.” (Lc. 1:37) Y ella creyó en Dios, y fue usada como instrumento para la venida del Mesías al mundo. Jesús le enseñaba a Jairo a tener la fe de resurrección. Él vio el límite del poder de Jesús hasta la vida. Mientras las personas estuvieran vivas, Jesús podía hacer algo. Pero una vez muerta, pensó que Jesús nada podía hacer. Esta fue la idea que también sembraron en él los hombres que vinieron a dar la noticia de la muerte de su hija. Pero Jesús quiere que la fe de Jairo no sea solamente hasta la vida, sino aún en la muerte. Jesús quería que él tuviera fe de resurrección.

Cuando él creyó, pudo ver la gran obra de Jesús. Para Jesús la muerte es un dormir. Jesús no está limitado por la muerte. Él venció a la muerte resucitando de entre los muertos. Por eso nosotros no tenemos por qué temer a la muerte ni a nada. Solamente debemos tener fe en Jesús.

A través de varios estudios, siempre recuerdo lo que M. Timoteo nos repite: ‘Lo que limita el poder de Dios es nuestra fe.’ Dios tiene todo el poder para hacer las cosas, pero si nuestra fe es pequeña, Dios solamente puede hacer obras pequeñas a través de nuestras vidas. Si dejamos que las cosas externas reduzcan nuestra fe, la obra de Dios también se va a ver reducida. La manifestación de la obra de Dios es directamente proporcional a la cantidad de fe que tenemos. Aunque la obra de Dios no es algo matemático, podría representarse con la ecuación O=F(1+E) donde O es el resultado de la obra de Dios, F es la cantidad de fe y E es el esfuerzo que nosotros le dedicamos.

El apóstol Pablo tuvo la fe de resurrección. Con ella fue a toda Asia a predicar el evangelio, aunque peligrara su vida. Aún cuando lo llegaron a apedrear, se levantó y entró en las ciudades. Él tuvo fe en que Jesús le resucitaría de los muertos si llegaba a morir. Su convicción era tal que declaró que él quería participar con Jesús en sus padecimientos, su muerte y aún en la resurrección (Fil. 3:10-11). Así él llegó a tener la visión de evangelizar Roma y llegar hasta España, que era lo último de la tierra conocido en aquel tiempo.

La orden de San Benito fue una de las órdenes más influyentes en el siglo VI. Cuando Europa era un continente gentil e idólatra, por decirlo de alguna manera, la orden de San Benito se hizo la meta de evangelizar toda Europa. Se volvieron una orden que influyó en todas las demás órdenes con su lema, que decía: “ORA ET LABORA”, ‘ora y trabaja’. Ellos creyeron que orar no era suficiente, y trabajar no era nada. Debían de orar y trabajar para que surgiera la obra de Dios. Así, San Benito de Nursia fue llamado el Patrono de Europa.

Oro porque en éste tiempo de movimiento de pesca, podamos orar, creer en Jesús y salir a campos a predicar el evangelio. Hay muchas cosas que parecen que nos limitan para salir a campos. Pero debemos reconocer que esas limitantes las tenemos solamente en la cabeza. Por eso debemos orar y salir a hacer la obra de Dios. Oro porque tengamos la fe de ‘Si muero, que muera.’

Cuando la vida de Sadrac, Mesac y Abed-nego peligraban, ellos decidieron morir a rendirse al mundo. Ellos le dijeron al rey Nabucodonosor: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.” (Dn. 3:17-18) Oro para tener éste espíritu de entregar mi vida totalmente a servir la obra de Dios, viva o muera. Oro porque así pueda servir los campos universitarios, pueda servir la fraternidad de CUAAD, y pueda servir la obra de Misión Mundial. Oro porque Dios me permita a cinco ovejas fieles a través de éste movimiento de pesca, y oro porque continuamente pueda servir con éste impulso la obra en CUAAD.

Una palabra: No temas, cree solamente.

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