Tuesday, February 24, 2009

La tempestad y Jesús

LA TEMPESTAD Y JESUS

PALABRA / LUCAS 8:22-39

V. CLAVE / LUCAS 8:25

Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?

En ésta palabra salen dos tipos de tempestades: la tempestad exterior y la tempestad interior. Pero, sea cual sea la tempestad, la solución para sobrellevar las tempestades está en Jesús. Oro para que aprenda a depender en Jesús cual sea que sea la tempestad, y de acuerdo a eso pueda llevar mi vida de fe. Oro porque también pueda ayudar y enseñar a otros a depender solamente en Jesús para resolver sus problemas y enfrentar las tempestades.

Muchas cosas habían pasado y seguramente Jesús y sus discípulos se encontraban cansados después de servir a las ovejas. En ese tiempo Jesús les dijo a sus discípulos que pasaran al otro lado del lago. Generalmente cuando Jesús decía esto eran buenas noticias para los discípulos, pues la idea era alejarse un poco de la multitud y tener un tiempo a solas con Jesús. Pero sucedió que mientras cruzaban, Jesús se durmió y una gran tempestad se levantó.

Ahora, los discípulos eran expertos navegantes. No todos habían sido pescadores, pero saber de navegación era algo común porque todos provenían de una ciudad costera y donde se comercializaba principalmente el pescado. Y por lo menos cuatro de los discípulos eran pescadores de toda la vida. Ellos se esforzaron en mantener el barco. Pero aún con su esfuerzo no pudieron mantener el barco, hasta que finalmente fueron con Jesús y le dieron: “¡Maestro, Maestro, que perecemos!” Esto era una forma de reclamo a Jesús. ¿Cómo era posible que mientras ellos parecía que perecían, Jesús estaba tan tranquilo durmiendo? Nosotros siempre nos quejamos de los que están cómodamente descansando mientras nosotros estamos muy apurados trabajando. Así los discípulos también estarían con queja contra Jesús que no les ayudaba en esa situación. También una idea común es que mientras estemos con Jesús, todas las cosas tienen que salir bien. Pero cuando apenas comienzan a salir mal las cosas, nos quejamos con Jesús. ¿Dónde está el amor y el cuidado que Jesús nos prometió? ¿Dónde está ese gozo y paz verdaderos que tanto dice la Biblia que tendríamos? Vemos nuestra realidad y pereciera que todo es solamente un cuento de hadas y un montón de mentiras. Estudiando con las ovejas en campos he visto cómo muchos están heridos y tristes porque no pudieron ver esas cosas cuando estudiaron la Biblia en la iglesia católica. Pero esto es porque fueron engañados por Satanás, y esperaron lo que ellos quisieron de Dios y de Jesús, en lugar de ver lo que Dios y Jesús querían de ellos.

En el libro de Mateo, en el capítulo 10, cuando Jesús apenas escogió a los doce y los enviaba a predicar, les dijo claramente sobre las cosas que les acontecerían. Les dijo que por causa del evangelio los hombres los perseguirían y los entregarían a concilios. Los hermanos entregarían a muerte al hermano, los padres a los hijos y los hijos a los padres. Pero dice en Mateo 10:22: “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. No debemos esperar que todo salga bien cuando vivimos la vida de fe, porque es natural que Satanás quiera poner tropiezos en nuestro camino, y sabe bien cuáles son nuestras más grandes debilidades y nuestros más grades deseos humanos. Nos ofrece lo que más queremos para alejarnos de Dios, y nos ataca a donde más nos duele para que nos decepcionemos y nos quejemos con Dios.

Pero nuestro Señor no es un Señor que nos deje en la desolación y en el sufrimiento. Él tiene poder para resolver cualquier problema. Él es Dios Creador de los cielos y la tierra. Cuando los discípulos llevaron el problema con Jesús, dice el versículo 24, que él se levantó y reprendió al viento y al mar, y se hizo grande bonanza. A través de éste evento, los discípulos comenzaron a ver a Jesús de una manera diferente, preguntándose quién era éste Jesús que aún el viento y la manera le obedecían. Nosotros también, si llevamos todas nuestras peticiones a Dios y confiamos en él, él manifiesta su gran poder en nosotros.

Por otro lado, de los versículos 26 al 39, cuando llegaron a la región de los gadarenos, un hombre que estaba endemoniado se les apareció. Pareciera que los discípulos no iban a poder tener un tiempo tranquilo con Jesús. Primero la tempestad en el mar, y a ahora un endemoniado. Pero éste endemoniado estaba sufriendo por una tempestad diferente. Él sufría porque había una legión de demonios en su interior. Aunque otros hombres habían querido ayudarle, lo único a lo que pudieron llegar fue a quererlo encadenar y encerrar. Pero cuando éste hombre fue a Jesús, Jesús le ayudó a resolver su problema fundamental. Jesús le ayudó a reconocer su pecado y confesarlo delante de él. De ésta manera los demonios salieron del hombre y le dejaron en paz.

Satanás nos ataca con las tempestades exteriores para sembrar en nosotros las dudas y las quejas contra Dios. Pero Satanás también causa tempestades en nuestro interior, y nos quita la paz, el gozo y la alegría de nuestras vidas, y provoca que la vida cristiana se vuelva muy pesada y no podamos tener fuerza para servir la obra de Dios. Solamente cuando entregamos éstos problemas a Dios, él hace gran obra para que sean calmadas las tempestades y podamos ser usados para su obra.

Durante estas vacaciones perdí mucha fuerza para servir la obra de Dios, pues a pesar de que hubo muchas actividades, llegué a sentirme muy sólo. Aunque servía a algunas ovejas que Dios me permitió durante las vacaciones, no me sentía con gozo y con fuerza para hacer las cosas. Me llegué a disgustar mucho por la actitud de varios pastores mayores y muchas veces pienso que me desquité con los menores por no saber cómo decirles las cosas a los mayores. Pero todo esto porque no había paz en mi interior. Por eso por un momento volteé a ver otra vez a mis amigos del mundo, y comencé a tener conflicto por causa de algunas amigas. Sentía que entre más peleaba contra mis deseos, más fuertes se volvían estos; por eso mejor quise olvidarlos para ver si así se podía quitar; pero esto funcionaba solamente por ratitos, pero no quise luchar mucho. Al final, aunque no pasó nada en lo exterior, mi interior se debilitó mucho, y en éste nuevo semestre no tuve mucha fuerza para servir la obra en CUAAD. Siempre pensaba que en vacaciones me debilitaba porque no tenía ovejas con quiénes estudiar, pero Dios me proveyó de ovejas y aún así me debilité. Por un momento en éstas vacaciones pensé que era porque la universidad estaba cerrada y no estaba sirviendo en campus, pero también Dios me hizo que estuviera muy ocupado sirviendo el culto de navidad, luego las actividades de año nuevo, luego la conferencia de líderes y luego la conferencia de directores de Latinoamérica, así que tampoco tengo excusa por ese lado. Solamente puedo confesar que confié en que yo podía, y no luché con oración y meditación de la palabra.

Este nuevo semestre quiero que sea una nueva historia en la obra en CUAAD. Yo personalmente oro porque en cuanto ante puedan ser levantados ovejas fieles de éste centro universitario. Pero si ante las tempestades que Satanás me pone, solamente me quedo de brazos cruzados e impotentemente, entonces Dios no va a poder hacer su obra a través de mí. Oro porque entregue mi corazón y mi deseo solamente a la obra de Dios y derrame mi vida en los campos universitarios, en lugar de estar viendo los placeres y las comodidades del mundo. Oro porque para la conferencia de Semana Santa pueda llevar a tres ovejas de CUAAD sin falta. Por eso oro porque continuamente ore y lea la Biblia para no perder mi corazón en las cosas del mundo, sino tener en mi corazón y mi mente siempre las cosas de Dios.

Una palabra: Desafiar la tempestad por la fe.

0 notes:

Post a Comment