Tuesday, February 24, 2009

Recupera tu primer amor

RECUPERA TU PRIMER AMOR

PALABRA/ APOCALIPSIS 2:1-7

V. CLAVES/ APOCALIPSIS 2: 4, 5

Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.

En ésta palabra Jesús le habla a la iglesia en Éfeso. Exalta sus grandes virtudes, pero señala muy puntualmente su falta. Oro porque a través de ésta palabra recupere mi primer amor con mi Señor.

La iglesia en Éfeso fue una de las iglesias influyentes en Asia. Fue establecida por el apóstol Pablo, pero a diferencia de otras iglesias, aquí fue donde el ministerio del apóstol Pablo tomó un giro diferente en la forma de servir el evangelio. Anteriormente Pablo iba a las ciudades y discutía con los judíos en la sinagoga durante los días de reposo. Pero por la oposición tan fuerte que recibió en Éfeso, decidió llevar solamente a unos cuantos a una escuela de uno llamado Tirano, y allí estudio diariamente la palabra uno a uno con los discípulos durante tres años. A través de esto, de la iglesia en Éfeso fueron enviados los discípulos a otras partes estableciendo iglesias a donde iban. Éfeso que era una ciudad famosa por la adoración de los ídolos, especialmente de la diosa Artemisa, y por su hedonismo. Pero cuando Pablo, en lugar de discutir en la sinagoga, estudió la palabra intensivamente creciendo a los discípulos, pudieron crecer los siervos fuertes y poderosos de la palabra.

A ésta iglesia Jesús les dice: “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.” (v.2, 3) Ellos habían participado arduamente en la obra del crecimiento a los discípulos. Ellos eran hombres y mujeres de fe que habían sacrificado todo por servir al Señor. Antes que buscar su propio descanso, diversiones y descanso, se dedicaron a leer, estudiar y analizar la palabra de Dios. Por causa de esto, ellos pudieron interpretar la Biblia correctamente. No la interpretaron a su manera y conveniencia, sino que la estudiaron y la aceptaron como era. Ellos no solamente se dedicaron a decir ‘Aleluya’, ‘Gloria a Dios’, ‘Amén, amén.’ Sino que fueron a donde Dios les mandaba que fueran y hacían la obra que Dios les decía que hicieran. Ellos querían ser cristianos solamente de boca, sino en todo quisieron sufrir con Jesús, y trabajaron derramando su sudor por amor al nombre de Jesús. Ellos trabajaron duro y pacientemente, sin desmayar, aunque la situación era difícil y sus vidas peligraban. Por eso, aunque se levantaban algunos que se decían ser apóstoles, pudieron tener el discernimiento espiritual para reconocer que no lo eran, y descubrieron su falsa apariencia de los mentirosos. Ellos tuvieron un gran celo espiritual, y no pudieron soportar a los malos, a aquellos que su conducta no demostraba los principios éticos y morales de la vida cristiana. Por esto también ellos pudieron rechazar y sacaron de la iglesia a los nicolaítas. Jesús mismo dice que él también aborrece la enseñanza de ellos, pues torcían la palabra combinándola con las ideas del mundo. Especialmente en Grecia estaba de moda el gnosticismo. Los nicolaítas tomaron el gnosticisimo y la palabra de Dios, e hicieron una malteada de ellos.

Todas estas cosas hacen pensar sobre la iglesia en Éfeso como una iglesia fuerte y ejemplar. Pero a ésta iglesia Jesús les dice: “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.” (v.4) ¿Qué es esto de que ha dejado su primer amor? Los hombres han admirado el primer amor. Han escrito poesías, compuesto canciones, hecho obras, todo para expresar el primer amor. En las películas y en la vida, cuando un hombre le dice a una mujer cosas bellas para manifestar su amor, es clásico que ella le dice: “Eso se lo has de decir a todas.” Pero cuando es el primer amor, no existen esas todas, porque es la primera, por lo que todo lo que sale del corazón es lo más sincero, no solamente un anzuelo. Por el primer amor, los hombres están dispuestos a hacer hasta cosas ridículas; mientras que con las demás poco a poco se pierde esta pasión. Y al igual que cuando un hombre siento eso por primera vez por una mujer, el primer amor con Jesús es una cosa maravillosa. Uno hace cosas que jamás habría imaginado que haría. El cansancio ni la fatiga existen. La única razón de existir es solamente Jesús. Ni la familia, ni los amigos, ni el trabajo, ni la escuela, ni nada en éste universo son tan importantes como lo es Jesús.

Pero conforma pasa el tiempo, al no renovar éste amor, todo se vuelve rutinario y formal. Finalmente el amor se olvida, y las cosas que rodean a uno comienzan a tomar importancia otra vez. Aquello que tanto agradecimos a Dios porque nos permitió tener o hacer, se vuelve obstáculo para amar a Dios y servirle como lo solíamos hacer.

¿Cuándo fue mi primer amor con Jesús? Esta pregunta siempre me inquieta. A veces pienso en las veces que estudiaba uno a uno con M. Timoteo en el patio de la casa. En ese tiempo, siendo sólo de 7 u 8 años, quería invitar a todos mis amigos de la primaria al culto de niños que teníamos en el Centro de CU, en Ciudad de México. Mucho tiempo insistí a mis amigos, hasta que por fin uno asistió. Pero cuando los padres de mis amigos se molestaron que yo les insistiera en que participaran en otra iglesia que no fuera la católica, sentí mucha decepción, y pensé que como era todavía muy niño, no podía influir en otros de manera más fuerte. Así que pensé en que eso era algo que haría más grande. Dejé de invitar durante la primaria, hasta olvidar invitar a otros. Estando en la secundaria, como era una escuela cristiana, no había mucho qué hacer con mis amigos con relación a la invitación al estudio bíblico. Pero una convención que tuvimos, recuerdo que el tema del mensaje que dio el pastor ese día fue que nosotros debíamos desafiar al mundo. Con ese mensaje sentí que vivía en una burbuja, rodeado de puros amigos cristianos, y mi familia cristiana y los pastores en el Centro. Pero afuera de esa burbuja había mucho más qué hacer. Por eso fui y pedí al pastor que orara conmigo para que no fuera solamente un cristiano que vive en esa burbuja, sino que salga de ella para que muchos otros pudieran creer en Jesús. Así oramos por 30 minutos, una oración demasiado extensa para soportar para un niño de apenas 13 años. También, por el mismo tiempo, en una plática con mi padre, él me dijo que debía de escoger qué quería yo que él hiciera por mí: que solamente fuera un padre para mí, o que fuera mi pastor y me creciera como pastor, y yo le respondí con sinceridad de mi corazón que fuera un pastor para mí para que yo llegara a ser un pastor. Desde entonces, aunque llegué a cometer muchos pecadillos por mi pubertad, tenía deseo de salir aún con los pastores a acompañarlos a pescar a campus. Pero cuando salí de esa burbuja, y llegué al TEC en la preparatoria, olvidé todo eso, y fueron tres años muy oscuros en mi vida. Sin embargo, cuando entré a la universidad, fui establecido pastor por gracia de Dios. Aunque por mi vida de la prepa no estaba seguro de que fuera buena idea que me estableciera pastor, oré a Dios para que fuera una nueva oportunidad para retomar aquello a lo que él me había llamado desde mi infancia. En un principio serví con mucho gozo y ánimo la obra en campos. Estaba dispuesto a perder mis horas de comida entre clases para ir del TEC al CUCEI y de regreso en cualquier oportunidad que tuviera. Vivía en la escuela, principalmente en el laboratorio, pero cuando había reuniones en el Centro, dejaba todo lo que hacía, al grado de que mis compañeros de equipo se molestaban conmigo y me reportaban con mis profesores, pero aún así no me importaba. Y terminando las reuniones, aunque fueran las 12 de la noche o la 1 de la madrugada, regresaba al laboratorio a seguir trabajando. Pero al no poder dejar mi amor por las cosas del mundo, mi deseo de destacar en la escuela, mi deseo de estar con mis amigos, mi deseo de amor humano, mi deseo de ser alguien exitoso a través de mi estudio, no pude realmente servir la obra de Dios, sino que me la pasaba con un pie de un lado y con el otro del otro lado. Esto me llevó a cometer otros muchos pecados, hasta que el pecado me arrastró y puse los dos pies del lado contrario a Dios. Entonces, por mi remordimiento de conciencia, mi sentimiento de fracaso, y mi sentimiento de indignidad al servicio de Dios, estaba dispuesto a abandonar la obra de Dios, pero en ese tiempo mi Señor me dijo: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” (Jn. 8:11) Entonces lloré con muchas lágrimas a mi Señor, y decidí servir la obra de Dios aunque me costara la vida, porque Él había dado su vida para salvarme a mí. En ese tiempo dejé totalmente a mis amigos, dejé de buscar trabajo hasta rechazar ofertas de trabajo con salarios muy altos para un recién egresado, y seguí la dirección de hacer trámites para la maestría en Estados Unidos, dejé de verme con quienes me gustaban y luché contra ese deseo de amor humano, y todos los días oraba para que solamente Dios fuera quien llenara mi vida y mi corazón, y que me diera fuerzas para hacer lo que fuera su voluntad, no la mía.

Ahora, regresando a la pregunta inicial, ¿cuál fue mi primer amor? ¿En la primaria? ¿En la secundaria? ¿Cuándo fui establecido pastor? ¿Cuando estaba dispuesto a dejar la obra y él me mostró su amor? Muchas veces pienso que ésta última, pero otras veces pienso que en cada uno de esos momentos Dios me enseñó una parte diferente de su amor, así que cada uno de ellos es como un nuevo primer amor. Pero lo que reconozco que tienen en común cada una de esas ocasiones es que cuando sentí ese gran amor de mi Dios que dio a su Único Hijo por mí, y el amor de mi Señor que dio su vida en cruz por mí, siempre tuve el espíritu de entregarme por completo a él, y entregarle a él todo lo que hacía aunque estuviera en riesgo todo aquello del mundo que yo apreciaba y deseaba.

Pero últimamente reconozco que he olvidado éste amor por Dios. Pensando que hago muchas cosas para servir a Dios, y pensando en que he trabajado bastante, busco mi propia comodidad. Realmente no he hecho una lucha hasta derramar mi sangre para participar en la oración de la madrugada, y he leído la Biblia muy a la ligera. Jesús le dijo a la iglesia en Éfeso: “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.” (v.5) Este era un ultimátum. Ellos, aunque habían sido irreprensibles delante de la ley, y eran ejemplares a los ojos de los hombres, habían dejado su primer amor. Por eso sus corazones se volvieron fríos, llenos quejas y regaños hacia los otros. Finalmente dejó de haber una colaboración para la obra de Dios. Si ellos no se arrepentían de lo que hicieron, entonces Dios mismo los quitaría de su lugar.

La obra de Dios sin amor hacia Dios, es nada. Por eso el apóstol Pablo escribió: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.” (1 Cor. 13:1-3) El amor es la base de toda la obra de Dios. El apóstol Juan también escribió: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” (1 Jn. 4:8) Oro para recuperar éste primer amor con Dios. Últimamente he tenido muchas quejas contra otros colaboradores por las cosas que hacen o dejan de hacer. Y aunque amo a mis colaboradores, me ha ganado mi justicia propia y les he regañado muy fuertemente sin pensar en lo que ellos sienten o piensan. Yo sé que hay que exhortar y regañar a los que hacen mal, y hay que ayudar al crecimiento espiritual de los débiles. Pero oro porque todas estas cosas las pueda hacer basado en el amor de Dios, y no en mi propia justicia.

Por esto, oro porque regrese a la oración de la madrugada diariamente, y también ore personalmente más de una hora continua diariamente, y en éste tiempo de movimiento de pesca, sirva los campos universitarios con sudor, y con ello pueda recuperar el espíritu de servir la obra de Dios para servirle a él. Oro porque también lea la Biblia diariamente y escriba el Pan Diario sin falta. Y especialmente oro porque en lugar de quejarme de otros, ore a Dios para que me ayude a ser manso y ore por mis colaboradores.

Una palabra: Recupera tu primer amor.

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