Saturday, March 28, 2009

El verdadero prójimo

EL VERDADERO PRÓJIMO

PALABRA/ LUCAS 10:25-37

V. CLAVE/ LUCAS 10:37

Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

En ésta palabra Jesús enseña quién es el verdadero prójimo a través de una de las parábolas más conocidas: el buen samaritano. Oro que recordando ésta palabra pueda ser el buen prójimo para los colaboradores en la obra de Dios y también para los estudiantes en campos universitarios. Oro porque podamos heredar la vida eterna y servir a otros para que también la puedan heredar.

Un intérprete de la ley quiso probar a Jesús, y preguntó: “Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?” (25) Siendo intérprete de la ley, conocía bien cuál era la respuesta. Pero Jesús le regresó la pregunta: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?” (26) El intérprete de la ley no quiso mostrarse como que no sabía, por eso rápidamente contestó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.” (27) Entonces Jesús le dijo: “Bien has respondido; haz esto, y vivirás.” (28)

Jesús reconoció que éste intérprete tenía conocimiento de la palabra, y la conocía muy bien. Sin embargo le faltaba hacerlo. Los hombres también con mucha facilidad llegan a decir que aman a Dios, pero a la hora crucial, no lo hacen. En Lucas 9:57-62, hubieron unos hombres que quisieron a seguir a Jesús. Cualquiera que les hubiera preguntado, ellos habrían dicho que amaban a Jesús y harían lo que sea. Pero cada uno tenía un deseo escondido que los ataba de seguir a Jesús totalmente, unos para dejar a su padre y su familia, otro por su deseo de éxito. Hay un dicho: ‘Del dicho al hecho hay un gran trecho.’ En Mateo 7:21-23, Jesús mismo enseñó que no todos los que dicen ‘Señor, Señor’ entrarán en el reino de Dios. Aunque ellos digan que predicaron la palabra, profetizaron, sacaron demonios, que participaron en las actividades de la iglesia, etc., Dios les dirá: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. No es suficiente con saber y decir que amamos a Dios. Hay que buscar la voluntad de Dios y cumplirla. En esto se manifiesta el verdadero amor a Dios. David fue un hombre que en todas las cosas buscó hacer todo conforme al corazón de Dios. Él escribió tantos salmos porque no se la pasaba pensando en cómo descansar o pasarla bien con su familia y sus amigos. Él estaba pensando todo el tiempo en cuál era la voluntad de Dios y cómo hacerla. Por eso se volvió un gran pastor para su pueblo y un gran rey. Sin embargo, por un momento de vacaciones que tomó, cometió un gran pecado y fue mucha la desgracia por causa de ello.

Oro que sea un hombre que ame verdaderamente a Dios, y no solamente de labios para afuera. A veces pienso que amo verdaderamente a Dios porque invierto mucho tiempo en el Centro, y en mi mente está siempre trabajar más que todos los demás porque soy el más deudor con Dios que cualquier otro que pueda estar en la iglesia. Sin embargo, éste pensamiento muchas veces se vuelve justificación cuando dejo de hacer algo o hago algo mal. A veces cuando me reprenden pienso en mí: ‘De diez cosas hice nueve bien, ¿y por una cosa mal que hago me reprenden?’ Y comienzan a haber quejas en mi corazón. Entonces reflexiono y pienso por qué estoy haciendo las cosas. Recuerdo cuando solía tener novia que en la misma situación, nueve cosas bien hechas y una mal, me sentía mal yo mismo por esa cosa mal que había hecho y olvidando las otras nueve cosa bien hechas, trataba de enmendar lo que había hecho mal. Nunca le ponía en cara aquellas cosas que había hecho bien. Entonces me daba cuenta que a mi Señor no le amaba tanto, sino era como un trato. Yo doy y él me da. Y al pensar en esto, solamente he terminado reconociendo que yo tengo las de perder, porque él me ha dado tanto, y lo que yo haya podido hacer bien es una parte ínfima comparado a él. Cuando una persona ama a otra, no se conforma con haber hecho el 90% bien, sino que busca el 100%. Una vez M. Timoteo me dijo que por qué no me levantaba a la oración de la madrugada, y yo le dije que no era porque no quisiera asistir, sino que estaba muy cansado y mi sueño era muy pesado y no escuchaba mis despertadores. Esto es cierto, pero no es razón. Cuando diferentes personas me han pedido que les acompañe o los lleve a algún lugar desde muy temprano en la mañana, siempre me he levantado para ayudarles. Cuando me han pedido que vaya al hospital desde la madrugada, siempre lo he hecho. Cuando me piden favores o yo necesito hacer algo con urgencia, no importa qué tan cansado esté, muchas veces incluso le gano a mis despertadores. Cada semana que toca a la fraternidad de CUAAD servir la oración de la madrugada, solo he fallado dos veces hasta ahora. ¿No se merece Dios todo mi amor? ¿No es más urgente lo que Dios me pide que aquellas cosas que los hombres me piden? Entonces debo reconocer que no es mi sueño profundo, sino que no tengo éste amor profundo a Dios ni la urgencia de la oración de la madrugada. Me arrepiento por justificarme con mi cansancio para dejar de asistir a la reunión de madrugada. En el amor, también hay sacrificio y hay lucha. Oro porque no solamente diga que amo a Dios, sino que realmente le ame y desafíe para asistir a la reunión de madrugada para tener comunión con él, y entregarle la alabanza a él desde la primera hora del día, y no desde que yo sienta que he descansado.

También el amor a los prójimos era un tema. El intérprete de la ley no quiso quedarse atrás. Vio que su prueba se había vuelto contra él. Por eso, para manifestar que él no tenía problema en llevar a cabo ésta ordenanza, preguntó a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? El quiso justificarse diciendo entre líneas que Jesús no tenía por qué decirle que hiciera conforme a su respuesta, pues él ya lo hacía. Entonces Jesús le contó una historia para usarlo de ejemplo.

Un hombre iba de Jerusalén a Jericó, pero en el camino cayó en manos de ladrones. Éstos, para quitarle todas sus pertenencias, le golpearon hasta dejarle medio muerto. Después de un rato, pasó un sacerdote, pero al ver a éste hombre, pasó de largo. Luego pasó un levita, e hizo lo mismo. Pero cuando pasó un samaritano, fue movido a misericordia, y atendió sus heridas, le puso sobre su burrito, y lo llevó a un mesón para que lo atendieran mejor. El hombre tenía que ir a otro lugar, pero no dejó a su herido allí nada más, sino que le dejó dinero al mesonero y le dijo que le diera todo lo que necesitara, y si hacía falta dinero para atenderle, que se lo pagaría a su regreso.

Cuando Jesús preguntó cuál de éstos era el verdadero prójimo para aquel hombre, el intérprete tenía que hablar correctamente, y dijo: “El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.” (37) El intérprete pensó que sus prójimos eran sus amigos y sus familiares. Y si se extendía un poco más, aquellos que estaban cerca de él. Pero nunca pensó en aquellos que estaban más allá de su círculo de vida. Jesús le enseñó que para cumplir con éste mandamiento había que abrir más su círculo hasta poder incluir a cualquier persona.

El sacerdote y el levita parecieran que eran los más indicados para servir a éste pobre hombre. Pero ellos no lo hicieron. A lo mejor ellos pensaron que estaba muerto, y se fueron. Pero no se preocuparon en acercarse a ver si realmente estaba muerto y si necesitaba ayuda. También ellos pensaron primero que tenían muchas cosas que hacer y atender a ése hombre les haría perder mucho tiempo. Por otro lado, el samaritano era el que menos razones tenía para ayudar a éste hombre. Él era samaritano y el hombre era judío. También era una persona que no trabajaba para el templo, por lo que no tenía una obligación moral o ética para ayudarle. Sin embargo fue quien ayudó al herido. Y cuando le ayudó, no solamente le ayudó superficialmente, sino que gastó su tiempo y su material para servirle.

Todos dibujamos un círculo y permitimos que ciertas personas entren a ése círculo. Para servir a aquellos que están en ése círculo, normalmente estamos dispuestos, pero para aquellos fuera del círculo, llegamos incluso a sentir que seríamos hipócritas si les ayudamos, así que mejor los ignoramos o les negamos la ayuda. Pero Jesús enseña que amar al prójimo no es ayudar sólo a los que están dentro de nuestro círculo, sino estar dispuestos a ayudar a los que están fuera del círculo.

Las personas dentro de nuestro círculo normalmente nos piden ayuda cuando la necesitan, o por lo menos comparten un poco de sus sentimientos y sus necesidades. Pero las personas fuera de nuestro círculo no lo hacen con nosotros. Está en nosotros el que entremos dentro del círculo de esa otra persona para que conozcamos sus necesidades y conozcamos sus sentimientos. El hombre que fue atacado por los ladrones no pidió ayuda. Probablemente el sacerdote o el levítico le habrían ayudado si él hubiera pedido ayuda. Pero como estaba medio muerto, no podía ni siquiera pedir ayuda. El samaritano no le ayudó porque le pidiera ayuda, sino que él se ofreció a ir y socorrerle.

En campos universitarios hay muchos jóvenes que sufren por causa de las cadenas y la esclavitud del pecado. Pero ellos están medio muertos y no pueden pedir ayuda. Nosotros debemos ser los buenos prójimos que se acerquen a ellos y les ayudemos a ser liberados de esas cadenas y esclavitud, y que sean sanados sus interiores mediante el evangelio. Pero no solamente allá afuera, sino que dentro de la iglesia también debemos ser nosotros los que nos acerquemos a otros para ayudarles, no esperar que los otros vengan a nosotros a pedir ayuda. Los hijos por lo general no preguntan a sus padres si todo está bien, sino que esperan que los padres les cuenten. Y aunque parece que las cosas andan mal en la casa, los hijos no hacen mucho al respecto. Pero lo los padres van y preguntan a los hijos. A veces los hijos sienten molestia por eso porque parece que invaden a su privacidad o su vida, pero es porque los padres aman a sus hijos y tienen un amor más maduro, por lo que pueden dar la iniciativa. Ellos no esperan que los hijos den esa iniciativa, sino que ellos comienzan ese lazo de amor. Esto aún desde pequeños, pues los bebés no manifiestan un amor hacia los padres, más bien necesitan una necesidad de los padres; pero los padres manifiestan su amor hacia los bebés. Nosotros, como buenos prójimos debemos tener éste amor maduro de padres hacia los demás.

Pero en éste amor hay también el sacrificio. El samaritano sirvió al hombre herido hasta sacrificar su material por él, que era un desconocido. Nosotros también, al servir a las ovejas o a los colaboradores, hay que tener éste amor de sacrificar lo nuestro para servirles.

Me arrepiento porque últimamente había perdido el amor a las ovejas en campus y estaba cómodo con las ovejas fieles. Las ovejas en campos eran casi solamente una tarea que debía cumplir. Había que cumplir metas de invitación de ovejas, metas de estudio, metas de aquello y lo otro. Por eso, aunque salía a pescar, no insistía mucho en que volvieran a estudiar. Si aceptaba, qué bueno. Si no aceptaban, entonces pensaba que había muchos peces en el mar. Oro porque vuelva a amar a las ovejas en campos universitarios y les busque insistentemente, pues ésa es el único camino para la salvación. Oro porque tenga preocupación por ellas como alguna vez lo tuve, y tenga misericordia de ellos que son como ovejas sin pastor. Oro porque pueda servir la palabra por amor a aquellos que no conocen a Jesús.

Nuestro Señor nos habló a nosotros cuando nosotros no le buscamos. Nuestro Señor nos salvó y perdonó todos nuestros pecados cuando nosotros no se lo pedimos. Así, en todas las cosas él tuvo iniciativa para ayudarnos, servirnos, crecernos y sanarnos. Nosotros también debemos ser los buenos prójimos que van y ayudan a otros, antes de que ellos se acerquen a nosotros, e incluso antes de que ellos siquiera se den cuenta de que necesitan nuestra ayuda.

Oro que haya éste amor a Dios y el amor a los prójimos en nuestra reunión, y a través de ello sea extendido el evangelio en los campos universitarios. Así sean levantados los discípulos de Jesucristo para suceder esta historia y el reino de Dios sea establecido pronto en ésta tierra. En éste tiempo de conferencia, oro porque por amor a Dios y por amor a nuestros prójimos, cumplamos nuestras metas de invitación de ovejas y sea manifestada la gloria de Dios y haya un avivamiento espiritual en los campos de la U de G.

Una palabra: No solo lo digas, sino hazlo.

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