Tuesday, June 9, 2009

DIOS DE ARRIBA EN LOS CIELOS Y ABAJO EN LA TIERRA

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Dios de arriba en los cielos y abajo en la tierra

PALABRA/ JOSUÉ 2:1-24

V. CLAVE/ JOESUÉ 2:11

Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.

Rayaba el alba cuando en el campamento de los forasteros se veía la silueta de un hombre de ojos penetrantes que, con su mirada fija hacia el horizonte, veía cómo el titán se levantaba. Conforme la dama de la noche se despedía, el gran lucero aparecía poco a poco. La oscuridad huía despavorida mientras la luz daba su marcha hacia adelante y ganaba terreno. Pero en medio de esa silenciosa guerra, se aparecía una imponente figura haciéndole frente al gran lucero, sin bacilar, firme como roca. En sus piedras se podía ver claramente que en el pasado hubo muchas guerras en ese lugar, pero poco pudieron hacer contra ella. Con el gran lucero delante de ella, el gran gigante, con sus grandes y pomposos muros, manifestaba su grandeza y fuerza.

Pero aquellos ojos penetrantes en el campamento de los forasteros, no se dejaba impresionar. Llamó a dos hombres ligeros como las águilas y ágiles como las zorras para que fuera y estudiaran a aquel coloso. Dicen que entre más grandes son, más fuerte caen. Los forasteros parecían hormigas ante aquel gigante, pero las hormigas son capaces de cargar 40 veces su peso.

Los hombres que fueron enviados se difuminaron en la luz, y como espectros llegaron a aquel titán. Con maña y con astucia lograron entrar para conocer las entrañas de aquel imponente coloso para que se dieran cuenta de que era más el temor que éste les tenía a los forasteros, de lo que los forasteros pudieron haber pensado que ellos temían del coloso. Cuando se pronunciaba el nombre de aquel gigante, toda la tierra de Canaán temía. Pero en ésta ocasión, no era así. Jericó había cerrado puertas y ventanas para evitar que Israel siquiera se les acercara. Casi como si fueran espectros, entraron en la casa de una ramera. Un lugar estratégico para pasar desapercibidos, pues había gente de todas las tierras. Pero el señor de la casa tiene muchos ojos, y los muros de la ciudad tenían oídos. El susurro de las paredes llevaron la noticia a los guardias, los cuales desplegaron una maniobra digna de un reino con ese renombre.

Sin embargo, con que un órgano del cuerpo no desempeñe su función correctamente es suficiente para que el más valiente y fuerte se enferme y no pueda luchar. Eso le pasó a Jericó. Rahab, la dueña de la casa a la que los espías habían perpetrado, decidió esconder a los espías y salvarles. ¿Por qué hacer tal cosa? ¿Por qué traicionar a su país y a su gente? Si fuera un país débil contra uno fuerte, se podría entender sin necesidad de razonar mucho. Pero el panorama no era así. ¿Por qué Rahab le dio la espalda al gigante y se unió a los forasteros?

El sol sale todos los días del este e ilumina toda la tierra. Pero está en cada quien verlo o no. Quien se tape los ojos, puede decir que sigue muy oscuro, no importa qué tan fuerte brille el sol. Rahab había escuchado cómo Jehová sacó a Israel de Egipto, los hizo pasar por el Mar Rojo como por tierra seca, y había derrotado a los reyes que estaban del otro lado del Jordán. Ella reconoció que aún un titán como Jericó, no era nada delante de Jehová. Cuando ella vio a Israel, no veía a los forasteros que llegaban del otro lado del río, sino que vio la grandeza y la omnipotencia de Jehová. Ella les dijo a los espías: “…porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.” (v.11) Así, ella les hizo que juraran ante Jehová Dios para que la salvaran a ella y su familia cuando Dios decidiera tumbar al coloso. Ella no había sacrificado su vida para salvar a dos extraños por bondad. Ella quería asegurar su salvación. Con esto hizo un pacto con los espías, y les mostró cómo evadir a los soldados y regresar a su campamento. De ésta manea, la silueta de estos dos hombres, ligeros como águilas y ágiles como zorras, se desaparecieron en la oscuridad sin dejar rastro. E hicieron como Rahab les dijo, y regresaron al campamento, al hombre de los ojos penetrantes.

De ésta palabra aprendo de la fe de Rahab que reconoció a Dios con tan sólo mirar los hechos, y tuvo fe en la salvación a través de Dios. También aprendo de la fe y la obediencia que tuvo Rahab hacia los siervos enviados de Dios. Oro para tener fe en Dios, en su poder de salvación y su cuidado. Y oro para confiar y obedecer a los siervos de Dios.

Los hombres del mundo, a pesar de ver tantas obras de Dios, no reconocen a Dios. A veces ni los cristianos creemos en Dios, porque de palabra decimos que creemos, pero nuestras acciones manifiestan lo contrario. Muchas veces soy vencido por la incredulidad, porque a pesar de que a lo largo de mi vida Dios me ha mostrado su cuidado hacia mí y que sus caminos siempre son los mejores para mí, me aferro a querer vivir mi vida como yo quiero, y me aferro a querer hacer las cosas que yo quiero. Incluso me justifico a mí mismo con la palabra, no pensando en la esencia de la palabra, sino en el deseo que hay en mi corazón. Así, dudo de la dirección que Dios me da y dudo del cuidado que él me ofrece.

Pero Rahab, conoció a quién era Dios, aún en la ausencia de un pastor que le enseñara esta verdad. Esto manifiesta que quien verdaderamente quiere buscar la verdad, con o sin pastor, va a encontrar a Dios. Y al encontrar a Dios, ella se aferró a buscar su salvación. Ella creyó en que Dios tenía suficiente poder para destruir Jericó, pero también tenía suficiente poder para salvarla a ella y a su familia. Ella vio a los espías como enviados de Dios, y cuando ellos dieron su palabra, ella creyó en que Dios daba su promesa a través de ellos. Ella no sabía cuándo Jericó iba a ser destruido, o si aquellos hombres guardarían su palabra. Ella tenía solamente un cordón de grana en señal del pacto que habían hecho los tres. Pero ella confió en Dios. Por eso el autor de La Carta a los Hebreos dice: “Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes” (Heb. 11:31) Jericó fue desobediente, pero Rahab fue obediente a Dios y a la instrucción de los siervos de Dios.

Muchas veces pensamos en por qué ciertas personas fueron establecidos pastores y otros no. Por qué unos pastores son establecidos pastores mayores y otros no. Juzgamos quiénes son pastores buenos y malos. Categorizamos y escogemos a quién le hacemos caso o y a quién no. Pero al hacer esto, solamente escuchamos lo que queremos oír, porque obedecemos a quienes nos dicen lo que queremos oír, y terminamos por no escuchar a Dios. Nos engañamos a nosotros mismos y nos hacemos tontos nosotros mismos con la excusa de que queremos guardar la palabra y obedecerla. La verdad es que Dios es quien establece a los pastores, y no está en nosotros juzgarlos a ellos, porque entonces estamos juzgando a Dios. Y, ¿quiénes somos nosotros para juzgar a Dios? Lo que está en nosotros es escuchar a Dios a través de sus siervos y obedecer, aunque la dirección parezca tan absurda como un cordón de grana. Creemos en Dios cuando buscamos la verdad. Pero encontramos el camino a la salvación cuando obedecemos a los siervos de Dios.

Estos días he estado necio en mi propio sentido de justicia por lo que no quise escuchar a la dirección y los consejos que me daban los siervos de Dios. Convencido de que mi pensamiento era los correcto, me molestaba considerando que lo que me decían era muy injusto. Pero meditando en la fe de Rahab, reconozco que no tengo la fe absoluta en Dios y la fe sencilla de obedecer a los siervos de Dios y esperar con paciencia en Dios. Me arrepiento por mi necio corazón, y oro porque crea en el Dios de arriba en los cielos y de abajo en la tierra, y creyendo en sus promesas sea yo humilde para obedecer a la dirección de los siervos de Dios y sencillo para escuchar los consejos de los siervos de Dios. Oro porque a través de esto también pueda crecer en mí un interior más sabio y paciente en Dios para poder ayudar a otros de igual manera.

Una palabra: Cree en Dios y obedece a los siervos de Dios.

GUARDA Y HAZ TODO

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GUARDA Y HAZ TODO

Palabra/ Josué 1:1-18

V. Clave/ Josué 1:7

Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.

En ésta palabra, Dios llama a Josué para que se encargue del pueblo de Israel. Moisés había muerto, y el pueblo se encontraba todavía del otro lado del Jordán. En ése tiempo en el que nadie sabía de lo que acontecería, Dios estableció a Josué para que fuera el líder para su pueblo. Este llamado de Dios a Josué no le habría sido fácil de aceptar. ¿Quién podría llenar los zapatos de Moisés? Moisés había sido un gran líder que había desafiado el poder y la autoridad de Faraón en Egipto haciendo que el pueblo saliera de allí, les hizo cruzar el Mar Rojo como por tierra, y otras muchas señales. Y les guió durante 40 años en el desierto mostrando el gran poder y el cuidado de Dios hacia su pueblo. Pero ahora, ¿quién los seguiría llevando por ese camino a la tierra prometida?

Los líderes así mueren. Pero en ése tiempo Dios llamó a Josué. Esto manifiesta que aunque los hombres mueren, Dios vive. Él es eterno. Y también manifiesta que Dios es quien escoge a los líderes. Dios escogió a Moisés, ahora que Moisés había muerto, Dios escogió a Josué. Para ser un líder es requisito ser establecido por Dios. Si una persona es confiable para Dios, entonces también puede ser confiable para ser líder de un grupo de gente.

Pero, ¿quién era Josué? Josué fue el siervo de Moisés. Cuando fue la guerra contra Amelec, Josué fue el general de Israel ante esa guerra, y sólo recibía instrucciones de Moisés. Cuando Moisés subió al monte de Dios para recibir los mandamientos, solamente a Josué le fue permitido subir junto con Moisés. Y cuando fueron enviados a reconocer la tierra prometida, Josué fue con ellos, pero al regresar sólo él y Caleb tuvieron visión en que Dios les daría esa tierra. Así, Josué fue un hombre que aprendió del liderazgo de Moisés estando con él, y creció teniendo la fe en Dios y viendo el rumbo de la historia y de las cosas según los ojos de Dios.

De los versículos 3 al 6, Dios le hace la misma promesa a Josué que le hizo a Moisés, de que le daría toda la tierra que pisaren con la planta de sus pies, y le promete a Josué que estará con él, así como también lo estuvo con Moisés. Dios no llamó a Josué y lo aventó a un precipicio lleno de incertidumbres, sino que cuando le llamó, le dio la promesa de que a través de Josué sería conquistada la tierra que Dios había prometido al pueblo de Israel que les daría.

Sin embargo, Dios pone solamente una condición a Josué: “Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.” (V. 7, 8) El requisito que Dios le puso es que fuera esforzado y muy valiente para hacer conforme a toda la ley que Dios había dado. Le dice que no se aparte ni a diestra ni a siniestra. Que meditara en ella de día y de noche, y que hiciera todas las cosas conforme a lo que está escrito. Pero, ¿cómo Josué podía ser esforzado y valiente? Dice el versículo 9: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. Para que Josué pueda ser esforzado y valiente, él debía confiar en que Dios estaría con él a donde quiera que vaya. Por mucho que el hombre se esfuerce en ser valiente y fuerte, siempre tendrá miedos y debilidades que le aquejen. Sin embargo, cuando confiamos en Dios, él nos cuida y suple nuestras necesidades y debilidades. Cuando Moisés le expuso a Dios que él no sabía hablar bien, Dios le dio a Aarón como colaborador. Y cuando dijo que no sabría hablar delante de Faraón, Dios le dijo lo que tenía que hablar delante de él. Cuando Josué oyó la voz de Dios, creyó en él, y lo hizo, también Dios hizo que el pueblo de Israel le apoyara.

A través de ésta palabra aprendo de Dios quien establece a los líderes, y la actitud de los líderes. Dios es quien establece a sus siervos para su obra. No son por méritos humanos o cualidades que tenga. También no hay quien nazca siendo un líder, sino que todos los líderes son porque Dios así los ha establecido. Pero para que sea establecido por Dios como líder, también esa persona debe ser confiable para Dios.

Cuando me veo a mí mismo, me reprimo mucho porque he hecho muchas cosas deshonrosas como siervo de Dios, y también he tenido actitudes inadecuadas como pastor y como cristiano. Por eso muchas veces que Dios me encarga algo, en mi interior me pregunto, ¿por qué yo y no otro? Y no porque no quiera trabajar, porque me agrada trabajar en la obra de Dios, pero cuando me encarga algo, siento una responsabilidad a la que no soy digno de llevar. Sin embargo, cuando pienso en que Dios es quien me establece y me manda a hacer las cosas, también surge en mi agradecimiento a Dios porque a pesar de la persona que soy, con tantos defectos y maldades, me quiere seguir estableciendo y ayudarme a crecer para ser un buen líder.

Estudiando éste libro de Josué, a través del requerimiento que le puso Dios a Josué aprendí que para ser un buen líder debo cuidar de hacer todo conforme a la palabra de Dios. Que mi hacer, mi pensar, mi ver, mi sentir y mi decir no deben de ir ni a diestra ni a siniestra de lo que Dios me dice que haga. El versículo 8 es el tip que Dios da para que pueda cumplir con esto: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito… Cuando comenzó el año, hice decisión de leer diez capítulos diariamente de la Biblia tres veces en el año. Pero, como dijo M. Timoteo en el estudio, conforme se fue agravando la crisis financiera en el mundo, también mi lectura de la Biblia comenzó a tener crisis. Primero comencé a barrer palabras diciendo que ya conocía más o menos lo que decía. Luego fui leyendo menos y menos, hasta que otras ocupaciones tomaron el lugar del tiempo de mi lectura personal. Pero por causa de eso mi mente y mi corazón comenzaron a llenarse de ideas humanas y egoístas. Cuando me di cuenta de qué tan duro había llegado a ser mi corazón fue cuando no sentí dolor porque cerraran la universidad. Aunque me entristecí, no sentí dolor por ello, y tampoco busqué con preocupación a las ovejas, sino que lo tomé con cierta ligereza como si fuera un tiempo de vacaciones, pensando que cuando extendieran el ciclo escolar, recuperaríamos el tiempo perdido. Pero el tiempo perdido es algo que nunca se puede recuperar.

Oro porque a través de tener la disciplina de leer la Biblia diez capítulos diarios, medite en la palabra de Dios de día y de noche, y pueda obrar conforme a la palabra de Dios. Así sea yo un hombre confiable a mi Señor, el cual pueda ser un bue líder para servir la obra que me ha encomendado.

Una palabra: Esfuérzate y se muy valiente para cuidar de hacer conforme a la palabra de Dios.

LA SAGACIDAD PARA USAR LAS RIQUEZAS

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LA SAGACIDAD PARA USAR LAS RIQUEZAS

PALABRA/ LUCAS 16:1-31

V. CLAVE/ LUCAS 16:9

Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.

Antes de estudiar ésta palabra me fue muy difícil comprender el término ‘riquezas injustas’. Cuando quise preparar el estudio, estuve en gran dificultad tratando de comprender lo que quería decir ésta palabra. Supuse que no quería decir las riquezas obtenidas por corrupción o robo, ni otra cosa ilegal. Nuestro Señor Jesús no aprobaría algo así, pues es condenado por las leyes de Dios. Entonces, ¿qué son riquezas injustas? A través del estudio pude aprender que las riquezas injustas son todas las riquezas en ésta tierra, porque ésta tierra está lleno de pecado, por lo que todo lo que pertenece aquí es injusto. Las riquezas justas son aquellas que se encuentran en el reino de los cielos. Oro porque pueda usar las riquezas de éste mundo para gloria de Dios, y que en su tiempo pueda ganar las riquezas justas del reino de Dios.

Jesús quiso enseñarles a sus discípulos cómo deben de actuar en ésta tierra a través de la parábola del mayordomo injusto. Éste mayordomo había malgastado los bienes de su señor. Un mayordomo debería administrar los bienes de su señor para que éste pueda tener más ganancias. Uno de los mayordomos más famosos en el mundo es Alfred, el mayordomo de Bruce Wayne, quien con fidelidad ayuda en todas las cosas para que su amo pueda hacer lo que quiera hacer. Batman no podría existir sin la ayuda de Alfred. Pero el mayordomo de ésta parábola hizo todo lo contrario de lo que un mayordomo debiera hacer. Cuando el señor de la casa se enteró de esto, le dio ultimátum a ese mayordomo. Entonces el mayordomo entró en preocupación, diciéndose a sí mismo: “¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en sus casas.” (v. 3, 4) El mayordomo había comido y bebido en casa de su amo, y habría gastado mucho de los bienes del amo armando fiestas con sus amigos y familiares. Por eso no tenía fuerza ni condición para hacer trabajos, y mendigar no se lo permitía su orgullo. Pero el mayordomo no había llegado a ser mayordomo por tonto. Si algo sabía hacer bien era usar la cabeza. Así que se las ingenió para poder condonar la deuda de varios que le debían a su señor. Tuvo gran astucia y sagacidad para poder modificar los documentos de deudas. Así se ganó el favor de otros.

Cuando el señor se enteró de lo que el mayordomo había hecho, en lugar de enojarse, alabó a ése mayordomo que con sagacidad se había preparado para lo venidero, por que los hijos de luz no eran tan sagaces como los hijos del mundo. Ahora, ésta sagacidad no se refiere a hacer negocios torcidos, como se mencionó desde el principio, pero el señor alabó que éste mayordomo no se quedó de brazos cruzados llorando por su situación, sino que rápidamente se movió para prepararse para su futuro incierto. Por eso Jesús les dijo a sus discípulos: “Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.” (v.9) Jesús no nos manda a que seamos narcotraficantes para ganar riquezas y tener muchos amigos, sino que nos dice que no apreciemos más al dinero que el hacer amigos. También nos dice que estemos listos para prepararnos para el futuro. Los hombres del mundo se esfuerzan mucho por ser los mejores o los más destacados, porque a través de eso sienten que tendrán una seguridad sobre su futuro. Pero los cristianos, al confiar en que Dios nos guiará y que las cosas del mundo no son importantes, muchas veces nos quedamos de brazos cruzados sin tener visión para el futuro ni esperando nada para el futuro.

Primero, ganar a los amigos. Los hombres de éste siglo prefieren a lo material que a los hombres mismos. Por eso es difícil saber quién es un amigo verdadero, porque en cuanto hay problemas de dinero, comienza a haber una ruptura en ésa amistad. El hermano de un amigo le vendió una camioneta a su mejor amigo. Como eran cuates, no hizo ningún documento firmado, y también le dio los papeles desde el principio. Su amigo le iba a dar diez pagos por la camioneta, pero después del cuarto pago, ya no le volvió a dar más pagos, diciendo que ya había terminado de pagarle suficiente por la camioneta. Así se metieron en un pleito, y dejaron de hablarse. Historias como esas las escuchamos constantemente, entre amigos y aún entre familiares. Pero Jesús nos enseña que apreciemos más a los amigos. Si los preferimos a ellos por encima de nuestro material, entonces ellos también pueden acobijarnos cuando tengamos necesidad. Pero más allá de que ellos nos puedan ayudar, Jesús dice que cuando nos falten las riquezas injustas, recibiremos las moradas eternas. Esto es, que a través de perder las riquezas injustas haciendo amigos, ganamos riquezas justas en el reino de Dios.

Segundo, ser sagaces con las riquezas. Muchos consideran a los cristianos como mediocres y conformistas. Muchas veces ven a una persona que era destacada en la escuela o en el trabajo, pero cuando se vuelven cristianos, dejan de esforzarse en aquellas cosas. Es cierto que no debemos estar atados a las cosas de éste mundo. Pero eso no quiere decir que no seamos esforzados en las responsabilidades que tenemos. Sin perder de vista el sistema del valor de la vida cristiana, donde primero es Dios, luego los hombres y luego lo material, debemos cumplir con responsabilidad todo lo que hacemos como estudiantes, empleados, empleadores, hijos, hijas, padres, amigos, etc. David no se conformó con que Israel fuera el pueblo escogido de Dios, sino que se esforzó mucho para ganar las guerras contra sus enemigos para manifestar el nombre de Dios entre los reinos del mundo. Abraham sirvió con fidelidad en la tierra de Canaán, y llegó a ser prosperado, y los reinos de Canaán quisieron hacer tratos con Abraham para que no hubiera guerras con él, porque reconocieron que el Dios de Abraham era poderoso. Moisés y Josué fueron fieles en guiar al pueblo de Israel hasta la tierra prometida, y todos los reinos tuvieron temor del Dios de Israel. Nosotros como cristianos tenemos la responsabilidad de manifestar el nombre de Dios entre los hombres del mundo. Debemos mostrarles que somos fieles en la obra de Dios, pero también somos destacados en las cosas del mundo. Si hacemos bien una cosa y mal la otra, Dios pierde éste reconocimiento. Tenemos que hacer bien y perfectamente las dos cosas para que Dios pueda ser reconocido entre los hombres.

Oro porque pueda ser un siervo fiel para la obra de Dios y en las cosas del mundo, y que tenga sagacidad para usar las riquezas que Dios me provea para ganar amigos y ganar el reino de los cielos. Aunque muchas veces siento que no tengo tantos deseos materiales, tengo que reconocer que he sido un pésimo administrador de mi tiempo. Las riquezas que un mayordomo debe administrar no son solamente materiales, sino también el tiempo, y he malgastado mucho mi tiempo. Cuando debería estar estudiando o leyendo la Biblia, muchas veces me encuentro viendo televisión o películas, o si no, bobeando en Internet. En lugar de escribir el Sogam, muchas veces me encuentro jugando en la computadora o haciendo otras cosas poco productivas. Y gastando así mi tiempo, a veces estoy muy apresurado porque siento que no tengo el tiempo suficiente para salir a pescar.

M. Timoteo dijo que para que seamos buenos maestros de la Biblia debemos ser académicos y buenos administradores. Oro porque pueda ser estas dos cosas. Oro porque tenga la disciplina de usar mi tiempo en las cosas que realmente importan. Especialmente en estudiar la Biblia y salir a pescar. Oro porque pueda cumplir con mi meta de ocho estudios uno a uno cada semana saliendo con fidelidad a campos. También oro porque pueda invitar a los pastores a salir a pescar. Oro porque pueda ser un buen académico estudiando personalmente la Biblia y también otros libros intelectuales. Oro porque en éste tiempo que voy a comenzar mis estudios de la maestría, pueda disciplinarme para ser un pastor académico que pueda demostrar la verdad de la palabra de Dios a los hombres incrédulos.

Una palabra: Se buen administrador y ser un pastor académico.

P. Edgar:

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Priscila:

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Karen:

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P. Elizabeth:

· Ser sagaz es planear y hacer las cosas objetivamente.

· Hacer las cosas esforzadamente, aunque no tenga el don o la habilidad.

· La manera en la que utilizamos las cosas que tenemos ahora define nuestro futuro.

Rebeca:

· Ser fortalecido en Dios.

P. Teresa:

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P. Orión:

· Obtener título y tener un buen trabajo.

· Administrar bien el tiempo.

· No estar tanto tiempo en Internet y no ver tanta TV.

Ketzalli:

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