Saturday, October 3, 2009

GUARDAD EN VUESTRO ESPÍRITU

GUARDADEN VUESTRO ESPÍRITU

PALABRA/ MALAQUÍAS 2:1-17

V. CLAVE/ MALAQUÍAS 2:7

Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos.

Esta palabra es el mandamiento de Dios a que sus siervos renueven el pacto con Dios y estén dispuestos a vivir conforme a su palabra de verdad. Oro porque conforme a ésta palabra, pueda verme a mí mismo y pueda guardar las palabras de Dios en mi corazón. Oro porque de mi boca solamente salgan las palabras que edifiquen a los hombres y den gloria a Dios.

De los versículos del 1 al 9, Dios da advertencia a los sacerdotes. Les amenaza con que los va a tratar como estiércol y los va a desechar de su pueblo. Dios les advierte que aún a sus generaciones serán castigadas si ellos no oyen a la advertencia que Dios les hace. Pero, ¿qué es lo que debían de hacer? Dice el versículo 2: “Si no oyereis, y si no decidís de corazón dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos… Lo que debe hacer un siervo de Dios es oír la voz de Dios y decidir en su corazón dar gloria al nombre de Dios. Los sacerdotes de aquel tiempo habían olvidado éste principio de los siervos de Dios. En el capítulo uno Dios les manifestó su enojo por haberle entregado las ofrendas de animales imperfectos. Dios les regañó porque los sacerdotes no entregarían esos animales a los reyes y los príncipes del mundo, pero a Dios Santo le entregaban ese tipo de ofrenda. También, ellos dejaron de guardar las leyes correctamente. Ellos hicieron tropezar a muchos y habían corrompido el pacto que había hecho con Leví. Así, Dios les desecharía por éstas cosas.

El pacto que hizo Dios con Leví, dicen los versículos 5 y 6: “Mi pacto con él fue de vida y de paz, las cuales cosas yo le di para que me temiera; y tuvo temor de mí, y delante de mi nombre estuvo humillado. La ley de verdad estuvo en su boca, e iniquidad no fue hallada en sus labios; en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad. Los levitas, o sea los sacerdotes, debían estar humillados delante de Dios, y debían de temer a Dios. En ellos debía estar la ley de Dios y no debían hablar ninguna palabra de iniquidad. Y dice especialmente que ‘en paz y en justicia anduvieron con Dios, y a muchos hicieron apartarse de la iniquidad.’ Y finalmente dice el versículo 7: “Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos. El sacerdote, el siervo de Dios, es mensajero de Dios. Lo que dice y lo que hace deben ser dignos de un mensajero de Dios.

Cuando estaba en la universidad, un profesor de los que más respeto, el primer día de clases se presentó diciendo: ‘Hola, me llamo Martín Sincel, y me gusta que me digan Martín. No me gusta que me digan profesor ni ingeniero ni maestro. Maestro, porque no estudié ninguna maestría. E ingeniero o profesor porque antes de ser ingeniero o profesor, yo soy Martín. Sólo hay dos maneras que me gusta que me digan más que Martín: Mi amor, pero eso sólo mi esposa me puede llamar así; y papi, pero sólo mis hijas me pueden llamar así. Para todos ustedes soy Marín.’ En esa presentación que dio Martín me hizo pensar una cosa muy seriamente. En medio de la presentación de microprocesadores y la introducción a la arquitectura Motorola 68000 y la Intel 8086, estuve pensando: ¿Quién soy yo? Y no desde un aspecto filosófico como el que se hacía Sócrates cuando dijo: ‘Gnoithi Sauton, Conócete a ti mismo.’ Sino que pensaba en que Martín tenía bien definido que él era primero Martín, antes que profesor o ingeniero, a pesar de ser un ingeniero exitoso que trabajaba para Motorola en diseño de sistemas y era también el director de la carrera en Electrónica en el ITESO. Durante esa clase estuve pensando: ‘¿Soy yo un ingeniero? ¿Músico? ¿John? O…. Ah, si… ¿Pastor?’ Y cuando me di cuenta de que pastor había sido lo último en lo que había pensado era mi identidad como pastor. Desde entonces siempre me decía a mí mismo: ‘Primero soy pastor, soy un siervo de Dios. Después puedo ser lo quiera, pero primero pastor.’ Tal vez mi vida no sea muy ejemplar por los muchos pecados que he cometido en el pasado. Tal vez muchas veces se me olvidó que primero era pastor. Pero siempre he tratado de recordar que primero soy pastor para las ovejas. Que antes de ser ingeniero, músico, director de orquesta, hijo de M. Timoteo, primero soy un siervo de Dios.

Ésta palabra me hace recordar el principio del siervo de Dios y el pacto que ha hecho con nosotros. Dios nos promete que nos dará vida y paz. Pero por otro lado, como siervos de Dios, debemos obedecer a la palabra de y debemos glorificarle. De nuestra boca deben salir las palabras edificantes para que muchos salgan de su iniquidad. El apóstol Pablo dijo en Efesios 4 que no demos cabida al Diablo en nuestras vidas, y exhorta en el versículo 29: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

Oro que mi hablar y mi actuar sean para dar gloria a Dios y para edificar a los demás. Reconozco que soy muy impulsivo, y muchas veces he herido a muchos aunque esa no sea mi intención, por no cuidar bien el qué digo y cómo lo digo. También muchos comportamientos míos parecieran no muy diferentes a los hombres del mundo, lo que ha causado disgusto en unos y confusión en otros. Mi corazón y mi mente están en querer servir a Dios, pero por no ser estricto y disciplinado conmigo mismo, he dejado escapar también muchas malas actitudes mías. Lo que forma a un siervo de Dios como un verdadero siervo de Dios es su amor a la palabra y su dedicación a la palabra. Cuando me di cuenta que llevaba mucho sin escribir un Sogam meditando en la palabra profundamente y que había dejado a un lado la lectura de la Biblia, pensé mucho en cómo le podría hacer para poder fortalecerme y poder regresar a la escritura del Sogam y a la lectura de la Biblia. Por eso, platicando con P. Christian, se me ocurrió proponerle que formáramos un tipo club donde pudiéramos hacer eso. Así podríamos ser fortalecidos unos con otros para realizar estas cosas que son necesarias en la vida de fe y son buenas para el crecimiento espiritual. Doy gracias a Dios que varios colaboradores respondieron positivamente a la invitación a formar el Club de Job. Oro porque a través de esto pueda primeramente crecer yo espiritualmente para servir la obra de Dios, y también pueda ayudar a otros a que crezcamos para ser líderes espirituales para éste siglo. Oro que así pueda escribir sin falta el Sogam cada semana, y que pueda leer diez capítulos de la Biblia cada día para que en mi mente y en mi corazón estén solamente la palabra de Dios. Oro porque así, de mí salgan solamente las palabras que alaban a Dios y edifican a otros. Oro porque sea obediente a la palabra de Dios y sea humilde delante de él.

En éste tiempo queremos servir los campos universitarios del CUCEA y del CUCS. Muchas veces pensé en si no sería muy ambicioso servir dos centros universitarios, si apenas y podemos servir uno. Pero a través de tomar la decisión de servir a los dos centros universitarios, también hice la decisión de orar más para que Dios nos dé el doble de fuerza a la Fraternidad de Valientes para que podamos lograrlo. Oro porque cumplamos nuestra meta de 30 estudios uno a uno cada semana, comenzando por cumplir con 20 estudios hasta antes de la Conferencia de Otoño. También oro porque hasta antes de la Conferencia de Otoño podamos ser 15 participantes al culto dominical de nuestra fraternidad, y antes que termine el año podamos ser 20 participantes. Sé que todas estas metas son metas alcanzables. Sólo que cada miembro tenga el corazón, la diligencia y la lucha espiritual para lograrlo. Por eso oro que pueda servir bien a cada miembro para que podamos cumplir juntos ésta meta.

Una palabra: El siervo de Dios es mensajero de Dios.

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