Sunday, October 4, 2009

LOS QUE TEMEN MI NOMBRE


LOS QUE TEMEN MI NOMBRE
PALABRA/ MALAQUÍAS 3:13-4:6
V. CLAVE/ MALAQUÍAS 4:2
Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.
Esta palabra es el cierre de un círculo.  Es la conclusión del libro de Malaquías, el libro de los profetas y el Antiguo Testamento.  A través de esto Dios invita a su pueblo a arrepentirse y a vivir una vida de bendición que Dios da.  Oro porque conforme a ésta palabra pueda vivir delante de Dios y sea un hombre que viva temiendo a Dios.  Oro porque pueda servir a otros para que también vivan temiendo a Dios y podamos regocijarnos juntos.
De los versículos 13 al 18 del capítulo 3, el profeta escribe las palabras que dio Dios a su pueblo porque ellos habían hablado contra Dios usando palabras violentas.  Ellos habían esperado que la gloria de Dios se manifestara en Israel después de haber terminado de construir el Templo de Dios y los muros de la ciudad de Jerusalén.  Pero habían pasado ya cien años y nada pasaba.  Mientras ellos se encontraban en la misma situación desesperante como un pueblo emergente de las cenizas, los pueblos de alrededor prosperaban.  Mientras que los que vivían guardando las leyes de Dios parecían estancados, los perversos que hacían trampas y engaños parecían prosperar.  Entonces Israel dijo: “Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos en presencia de Jehová de los ejércitos?  Decimos, pues, ahora: Bienaventurados son los soberbios, y los que hacen impiedad no sólo son prosperados, sino que tentaron a Dios y escaparon.” (v. 14, 15)  A sus ojos les parecía que de nada servía estar afligidos en presencia de Dios, y más bien eran bienaventurados los malos porque, decían ellos, tentaron a Dios y escaparon.
Pero Dios les dice, en los versículos 16 y 17, que hay quienes temieron a Dios y pensaron en su nombre.  Estos hombres no vivieron esperando la gloria del mundo o las riquezas, sino que ellos esperaron en Dios.  Dice Hebreos 11:1: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Y también el versículo 6: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”  Ellos tuvieron convicción en Dios invisible, y que Dios mismo es su galardón.  Dios les promete a ellos que escribirá sus nombres en el libro de memoria para que sus nombres queden para siempre, y que les guardará como su especial tesoro.
Y en el versículo 18 les dice a todo su pueblo, que el día que él actúe, todos sabrán la diferencia entre los justos y los malos, los que sirvieron a Dios y los que no. Dios es Dios de justicia y no va a dejar pasar de largo el pecado.  Dios guarda a sus siervos fielmente hasta el final.
Nuestro siglo es un siglo muy parecido a aquel en el que sirvió el profeta Malaquías.  Los hombres miran y ven que los malos prosperan, pero los siervos de Dios perecen.  Los hombres quieren las bendiciones, pero están cegados por los deseos del mundo y por la tentación de Satanás, por lo que no pueden ver las verdaderas bendiciones que da Dios a sus siervos.  Como dice en Hebreos 11, Dios es el galardón para los que le buscan.  ¿Qué mayor recompensa puede haber que el simple hecho de poder servir a Dios y estar en su presencia?  Nosotros somos solamente creación, pero él es el Creador.  Pero por si esto no  fuera suficiente, nosotros merecíamos ser destruidos por nuestros pecados, pero Dios nos perdonó y nos da permiso para que podamos entrar en el reino de Dios.  Y si esto aún pareciera insuficiente por no ser algo tangible, Dios también da la bendición material.  A Israel los sacó de la tierra de Egipto, de su esclavitud, a una tierra que fluye leche y mil y donde podían servir a Dios con libertad.  Cuando David se humilló delante de Dios y vivió conforme al corazón de Dios, Israel gozó de grandes riquezas y poder sobre otras naciones.  Cuando Salomón también se entregó totalmente a Dios para servir a su pueblo, Dios le dijo que le daría riquezas y poder.
Claro que las riquezas y el poder no son el fin de un cristiano.  El galardón de un siervo de Dios es Dios mismo.  Dice Hebreos 11:24-26: “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.”  Moisés entendió esto.  Su galardón era Dios.  Por eso él pudo negarse a sí mismo y a la vida de placeres mundanales en que vivía para servir a Dios.
Dios se agrada de ésta clase de hombres.  Los que solamente buscan a Dios porque su deleite está en Dios.  Mientras estudiaba la Biblia en el TEC con un muchacho cristiano, me conmovió mucho su corazón de dolor hacia los hombres del mundo.  Me decía que le dolía ver que toda la gente de su alrededor perecería si no les predicaba la palabra.  Estudió conmigo la Biblia porque tenía muchas confusiones sobre lo que debía de hacer ahora y lo que haría después, me manifestó su deseo de conocer correcta y concretamente la voluntad de Dios sobre su vida.  Pero mientras estudiaba con él, me pregunté: ‘¿Tengo yo éste dolor por los hombres del mundo?  ¿Siendo dolor de saber que si no les predico la palabra, van a perecer?’  Y hubo la parte de mí que me lamenté mucho porque reconocí que no tenía ese dolor profundo por el sufrimiento de los hombres por su pecado.  Me decía: ‘Mi trabajo es predicar.  Allá ellos sabrán si me hacen caso o no.’  Pero entonces surgió otra duda: ‘¿Por qué predico?’  Y esto fue todavía más difícil de describir.  La respuesta rápida y simple era: ‘Porque soy pastor y es mi trabajo.’  Pero en esa respuesta no manifiesta ningún amor a Dios ni hacia las ovejas.  Me dio mucha tristeza reconocer que no he tenido un verdadero amor hacia la obra de Dios y un dolor hacia las ovejas, sino que todo era solamente un trabajo.  Hace unas semanas que los directores leímos nuestro Sogam en la reunión general.  Ese día M. Timoteo dijo que aunque trabajaba mucho me faltaba amor a Dios.  Desde ése día me preguntaba qué es amar a Dios.  Me decía en mí mismo que amaba a Dios, por eso había abandonado mi deseo de estudiar lo que yo quería estudiar, por eso me quedé en Guadalajara, hice decisión de casarme por la fe, me he desvelado y he ayunado para servir las conferencias.  ¿No muestra todo eso mi amor por Dios?  Pero la realidad de las cosas es que no he amado a Dios.
Una cosa es trabajar mucho hasta el cansancio y otra cosa muy diferente es amar a Dios.  Yo traté de trabajar mucho y, aunque nunca busqué ser reconocido por ello, amé decirme a mí mismo que había trabajado mucho.  Mi corazón muchas veces se envaneció al pensar que mi fraternidad era la que más ovejas tenía o más estudios daba o etc.  Oro porque verdaderamente sea un amante de Dios y sea un imitador de Cristo.  Oro porque en mi pensamiento haya solamente la palabra de Dios y que en mi interior haya un temor santo a Dios.  Oro porque no busque mi propia satisfacción o mi deleite, sino que mi deseo sea glorificar a Dios y que sea manifestado su nombre entre los hombres.  También oro por tener un dolor profundo y verdadero por servir a las ovejas.  Oro por tener una lucha contra mi propio ser para participar en la oración de la madrugada para que desde la mañana glorifique a Dios y prepare mi corazón para servir su obra.  Y oro porque lea diez capítulos de la Biblia diariamente para que en mi corazón sean gravadas las palabras de vida de mi Señor y en mi pensamiento haya solamente la palabra de mi Señor.
El capítulo 4 es la promesa para los que creen y la maldición para los que no creen en Dios.  Los que no creen en Dios, el día que venga Jesús será como un día ardiente ellos serán quemados como estopa.  En cambio, para aquellos que aman a Dios, Jesús será su Sol de justicia y extenderá en ellos sus alas de salvación.  Ese día los que temen al Señor nos regocijaremos y saldremos y saltaremos como los becerros.
Oro porque viva con temor a Dios todos los días.  Y oro también porque ame a Dios y a su palabra.  Oro porque viva con la esperanza en el galardón que es Dios, y en éste mundo viva manifestando la gloria de mi Señor.  Oro porque sirva a las ovejas de campos con un corazón dolido por causa de sus pecados.  Oro por ser un buen siervo de Dios que espere el día en que él se manifieste a nosotros y que podamos regocijarnos todos juntos ante su presencia.

Una palabra: Amar a Dios.

1 notes:

Julio Alfredo Diaz Calvet said...

La paz sea con todos...

¿Quién es el ángel Pacto?

Jua 16:13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir

El espíritu de verdad es el espíritu Santo y es quien haría saber las cosas que habrían de venir... y lo hizo, le dijo esas cosas a Juan... para que él las comunique a todos los siervos de DIOS.

Apo 1:1 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,

Así es, el ángel dió a Juan el mensaje, la revelación de Jesucristo... la que él anunció.

El espíritu Santo es el ángel del pacto.

Jesucristo es el Señor que vinoa su Templo, es el a quien Dios puso por Señor de Todo.

Juan el bautista es el mensajero que preparó el camino.

Que Dios los bendiga.

Post a Comment