Saturday, October 3, 2009

Vendrá el ángel del pacto

VENDRÁ EL ÁNGEL DEL PACTO

PALABRA/ MALAQUÍAS 3:1-12

V. CLAVE/ MALAQUÍAS 3:1

He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.

Israel esperaba ser recompensada por todo el trabajo que había hecho. Ellos habían trabajado duro para reconstruir el templo de Dios y los muros de la ciudad. Enfrentaron todo tipo de tribulaciones por parte de los enemigos que los atacaban y se burlaban de ellos. Pero no habían visto que se cumpliera ninguna promesa de Dios. Ellos esperaban que la gloria de Dios se manifestara en el templo y entre el pueblo. Tal vez como lo hizo en el tiempo de Salmón llenando el templo con su nube, o cualquier otro tipo de manifestación. Pero todavía más que eso, ellos esperaban que la gloria de Dios se manifestara a través de hacer de Israel un país fuerte como lo fue en los tiempos de David y Salomón, que recibían tributos de los pueblos. Ellos esperaron y esperaron, pero no vieron nada. Finalmente se cansaron de esperar y dijeron: Cualquiera que hace mal agrada a Jehová, y en los tales se complace; o si no, ¿dónde está el Dios de justicia?” (2:17)

Dios les había dicho que se había cansado de ellos que decían esto. Por eso les dice: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (1) Primero, Dios les habla del mensajero que enviará. Dios había prometido que enviaría a la voz del que clama en el desierto (Is. 40:3) para preparar el camino del Señor. Segundo, dijo que enviará al ángel del pacto. Éste ángel del pacto se refiere a Jesús. Dios había prometido desde que el hombre pecó que enviaría a un redentor para quebrar el poder de Satanás y salvar a los hombres. Y la promesa del Mesías es el mensaje de promesa de todo el Antiguo Testamento, el cual fue cumplido en el Nuevo Testamento a través del nacimiento de Jesús. Pero dijo que éste ángel del pacto vendría súbitamente. Súbitamente quiere decir que sería cuando nadie lo espere. Esto fue cumplido tal cual como Dios lo había dicho, pues Jesús llegó en una fría noche en Belén, y nació en un pesebre. Nadie supo sobre su nacimiento más que unos pastores que fueron avisados por ángeles. Pero el pueblo todo pasó la noche sin notar que había nacido el Rey de reyes y el Señor de señores.

Pero, ¿qué iba a hacer éste ángel del pacto? Dice el versículo 2: “Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. El propósito era limpiar a los hombres. ¿Cómo? Como fuego purificador. Para purificar el oro o la plata debe pasar por un proceso muy agresivo. Por puntos de fusión, el mineral extraído de las minas debe pasar por un horno. Primero a cierta temperatura para que escapen todos los gases. Luego más caliente para que se derritan todas las impurezas. Se desecha la escoria, y se vuelve a calentar a mayor temperatura. Así sucesivamente hasta obtener el oro puro o plata pura. También lo compara con jabón de lavadores. Aunque en nuestro tiempo existen muchos tipos de jabones y detergentes para limpiar cualquier tipo de suciedad en la ropa, en los tiempos antiguos no tenían éstas técnicas. Se utilizaban diferentes tipos de químicos naturales agresivos. Por eso la gente terminaba con las manos muy maltratadas. También era un proceso muy cansado, pues había que enjuagar y lavar varias veces para poder desmanchar bien.

Así, Jesús viene para purificar nuestra fe. Pero para lograr esto, hay que pasar por un proceso agresivo y cansado. Así como el fuego o como el proceso de lavado, hay que pasar por fuego una y otra vez hasta quitar toda la escoria, y tallar y remojar varias veces hasta quitar todas las manchas. Por eso es que la vida de fe muchas veces parece tan difícil. Pero si aguantamos, diremos como Job: “Mas él conoce mi camino; Me probará, y saldré como oro.” (Job 23:10)

Cuando Jesús limpia a los hombres entonces produce un resultado en sus vidas. Dicen los versículos 3 y 4: “…y traerán a Jehová ofrenda en justicia. Y será grata a Jehová la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, y como en los años antiguos. Cuando somos limpiados de nuestros pecados, naturalmente traemos las ofrendas agradables a Dios. Israel había pensado que todo lo había hecho bien. Que ellos habían guardado toda la ley y habían guardado todos los días que Dios les había mandado. Ellos pensaron que entregaban las ofrendas agradables a Dios. Pero lo que ellos habían ofrecido eran ganado enfermo, ciego y cojo, que ni ellos mismos comerían; y mucho menos pensar en entregar ese tipo de ganado para sus reyes y príncipes. Pero cuando venga el ángel del pacto, limpiaría a su pueblo y le haría un pueblo que quiere agradar a Dios.

El pueblo quería riquezas y poder. Dios en realidad estaba dispuesto a dárselo a su pueblo. Sin embargo, antes de éstas cosas, Dios quería que su pueblo tuviera una relación personal con Dios. Dios quiere que nos entreguemos a nosotros mismos como una ofrenda viva, santa, agradable a Dios. Sin querernos sacrificar y sin querer entregar todo a Dios, no podemos tener una relación personal con Dios, porque siempre van a estorbar aquellas cosas que hay a nuestro alrededor, aquellas cosas que anhelamos y deseamos. También, debemos estar advertidos de que Dios va a juzgar el pecado. A Dios no le agrada el pecado, y no va pasar de largo el pecado. Aunque engañemos a los hombres, no podemos engañar a Dios. Así, debemos ser fieles a Dios. Buscarle a él y vivir delante de él.

A través de ésta palabra, oro para que viva delante de Dios. A veces me engaño a mí mismo diciendo que he hecho muchas cosas que no hice. Como a veces llegué a contar entre mis Panes Diarios uno o dos que no había terminado de escribir, contándolo como hecho en su totalidad. O con mi lectura diaria de la Biblia también llegué a pasarme algunos pasajes que consideraba aburridos diciéndome a mí mimo que ya los había leído varias veces anteriormente. De todos modos, ¿quién me iba a cuestionar lo que hice o dejé de hacer? Pero éste es como la ofrenda de animales impuros que los israelitas entregaron a Dios. Porque lo hicieron por hacer, pero no dieron todo de lo mejor que tenían. Oro porque sea un hombre fiel, diligente y esforzado para agradar a Dios y hacer todas las cosas conforme a lo que a él agrada. Oro por no hacer transacción en las cosas para no hacerlas completamente bien para Dios, solamente fijándome en lo que otros puedan pensar o decir. Oro porque viva con sinceridad, delante de Dios.

De los versículos del 6 al 12, Dios les enfatiza entregar el diezmo a Dios. Dios les dice en el versículo 6 que no fueron consumidos por que él es fiel a sus promesas y él no cambia. Dios les dice en el versículo 7 que vuelvan a él. Dios siempre espera que nosotros volvamos a él. Como el padre de la parábola del hijo pródigo, ésta siempre esperando nuestro regreso. Dios no cambia, pero los hombres sí. Pero Israel otra vez preguntó a Dios: “¿En qué hemos de volvernos?” (7) Entonces Dios les dijo una cosa clara, sencilla y visible: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.” (8, 9) Dios no tuvo que exponerles una lista de cosas que no había hecho el pueblo. No les habló de por qué o cómo se habían separado de él. Solamente les mencionó del diezmo. ¿Por qué el diezmo? El diezmo es la mostrar que dependemos en Dios y confiamos en él para todas nuestras necesidades. Es entregarle a Dios lo que es de Dios. El diezmo no es una muestra de agradecimiento a Dios por las cosas que nos permite, sino que es darle su parte a Dios. En realidad el cien por ciento de las cosas que tenemos le pertenecen a Dios, por lo que es nuestra responsabilidad administrar bien y correctamente todas éstas cosas. Sin embargo, Dios solamente nos requirió el diez por ciento. No dar el diezmo es negarle a Dios lo que es de Dios. Es como si uno rentara una casa y no pagara la renta. O si una empresa no les pagara a sus trabajadores su salario. En otras palabras, es robar. Por eso Dios dice: ‘Me habéis robado. Y enfatiza esto diciéndolo dos veces.

La filosofía de la vida del cristiano debe ser como dice en Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Nosotros debemos creer y confiar en que Dios es quien nos guarda y nos sustenta. Debemos confiar en que Dios da según las necesidades de cada uno sabiendo cuáles son estas necesidades. Por eso debemos dejar a un lado nuestra dependencia en las cosas materiales y buscar primero el reino de Dios y su justicia. Por eso les dijo Dios en el versículo 10: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Dios les dice que lo pongan a prueba. Pero no es una manera de si quieren creerme háganlo, sino que es una orden de que prueben y vean si es cierto o no. Si llevamos el diezmo a Dios, ciertamente él nos dará hasta sobreabundar.

Cuando estaba en la secundaria, había un monopolio de la tiendita de la escuela. Pero esa tiendita era manejada por los estudiantes. Cada año la directora le encargaba a un estudiante del tercer año de secundara que ella considerara responsable para que se encargara de la tiendita. La condición era que cada semana había que entregar un reporte de ventas y entregar el diez por cierto de las ventas, pues siendo una escuela cristiana, requería que entregaran el diezmo para la iglesia. Así, cuando estuve en tercero me tocó servir la tiendita de la escuela. En ese tiempo aprendí a dar el diezmo. Pero como yo participaba a demás en otra iglesia, también me propuse entregar el diezmo para el Centro. Así, de cada cien pesos que ganaba, entregaba diez pesos a la iglesia de la escuela y otros diez pesos a centro. Aún entregando el veinte por ciento, pude ver que en realidad quedaba dinero suficiente para cubrir los gastos de la tiendita y para mí también. Pero luego, cuando estuve en la preparatoria, olvidé qué es el diezmo. Sentía que tenía necesidades. Tenía que pagar el transporte público, debía comprar materiales para la escuela, y debía comprar mis alimentos. Cuando salía con alguna novia, era todavía peor, porque mis gastos se duplicaban. Dios me soportó, y casi tres años más tarde, luego de ser establecido discípulo, estudiamos ésta palabra de Malaquías 3. Desde ése día, me arrepentí por haberle robado a Dios, y la ofrenda de Misión Mundial es una de las cosas que procuro guardar con más celo.

Pero estudiando ésta palabra, me decía a mí mismo: ‘La primera parte, del arrepentimiento y vivir delante de Dios, está bien. Pero ésta segunda parte, ¿y yo qué? Yo he guardado con celo la ofrenda. Es más, doy más que eso porque gasto mucho por el Centro. Le compro la cena a los colaboradores que se quedan hasta muy noche preparando mensaje o cualquier cosa de las actividades. Materiales del Centro, tampoco lo cobro a Misión Mundial, sino que lo pongo de mi cartera. Yo sí he guardado ésta palabra.’ Pero también, meditando más profundamente ésta palabra el diezmo que he dado es solamente sobre lo material. Pero todavía falta mi diezmo de mi tiempo y de mis actividades. Guardar con celo la oración de la madrugada, escribir con fidelidad el Pan Diario y el Sogam, leer la Biblia, y salir a pescar son poco tiempo que uno puede entregar a Dios y debe entregar a Dios, porque él lo merece. Oro porque pueda ser fiel en dar el diezmo de todo: de mi material, de mi tiempo, de mi juventud. Y que así viva reconociendo que Dios es el Señor y Rey sobre toda mi vida y que yo solamente le debo servir a él.

Doy gracias a Dios porque Dios vio con agrado el esfuerzo de la fraternidad por cumplir los estudios uno a uno. Todos, conforme a su tiempo, poco o mucho que tuviera, entregamos a Dios un tiempo para dedicar en servir su obra. Con ello también Dios nos hizo sobrepasar nuestra meta hasta duplicarla. Pero ahora oro porque no sea cosa de una sola vez, sino que sea éste un hábito de la fraternidad y entreguemos a Dios el tiempo para la pesca, la oración y la meditación de su palabra. Oro que así siempre cumplamos con nuestras metas de pesca y de participante en el culto y conferencia.

Una palabra: Vivir para Dios delante de Dios.

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